Vivo siempre

       ~Paul Éluard

El 28 de noviembre de 1946, Paul Éluard perdía súbitamente a su mujer, Nusch. En las últimas semanas de junio de 1947, bajo el pseudónimo de Didier Desroches publicó en los Cahiers D’Art la serie de poemas El tiempo desborda, poemas escritos antes y después de la muerte de Nusch. Este es uno de ellos.

Y me senté sin pudor sobre la ola
De ese río lejano resaltado en sol verde
Los árboles honraban la noche y las estrellas

Vi claro en la noche desnuda del todo
En la noche desnuda qué mujer
Me mostró su rostro
Se mostró desnuda del todo
Su belleza adulta era más seria
Que las leyes impías de la necesidad

Contra ella los adornos de la naturaleza
Pueriles ejercían sus armas eternas
De hierro y de mármol y de sal
Contra ella el diamante del cielo
Se ablandaba se deslucía

Sin embargo era una belleza
De arena y de espuma y de crepúsculo
Pero era una belleza
De carne de lengua y de pupilas
Una belleza yema y resto de las estaciones

Belleza que se apagaba bajo indecisos encuentros
Yo he separado amantes que eran más feos juntos
Que separados
Para salvarlos hice cantar la soledad
Quebré sus labios al cuadrado

Hice secar pude hacer secar
Las flores sin pudor de una mentira
El estiércol fresco que lloraba
Y las auroras mal despertadas

Pero hice reír a los comediantes más amargos
Locos de desnudez demasiado vestidos
Los que hablan al lado sin calor en los ojos
Los que hablan sabiamente para envejecer cómodos
Los constructores de su prisión aceitada bien trazada
Encadenados esposados tocados con cofias

Los glóbulos azules de un mundo desteñido
Sobre el techo sus sueños estaban en el sótano
No cultivaban más que la eternidad
Mi corazón y mi ojo
Bajo el espacio intacto todo estaba helado

De dónde has salido tú imagen sin azul
Espectadora en vista
Sino de mí que apenas duermo sobre un camastro
De dónde has tú salido
Tocando la tierra de tan cerca
Que yo sigo tu paso sobre las calles

Donde tan a menudo me aburro
Donde me perderé
A pesar de las marcas que lúcido dejaba
Cuando era joven y previsor
Cuando la sombra me habitaba
Cuando no bebía más que vino transparente

Tú regida del todo por esta carne
Que es la mía al flanco del vacío
Trémula solamente
Ante la idea de evitar el mundo
Tú precaria a pesar de mi esperanza

No hay burla
No hay nada que esté falseado
Sino lo que no es la imagen sin mediodía
Que se impone la noche sobre la médula
De este río donde me he sentado

Vivo todavía y comparto
El trigo el pan de la belleza
Sin otra luz que nacer y existir
Muy baja tú muy alta en la desnudez
Del norte y del sur en un solo instante

La viña humana está entre nosotros
Es evidente que nacemos de la mujer
Y aquí está la hierba que creció en nuestra infancia

Estás enfermo o cansado
Estás loco o simplemente
Más triste que de costumbre
No tengo ganas de contestar

Si respondo temo demasiado
Tener la suerte de esos jugadores
Que juegan por nada sobre el terciopelo
De sus deseos de sus dolores

En un nido encontré los huevos
Para mi hambre para no morir
Pero más allá olvido mis sueños
Más allá me odio a muerte.

Octubre de 1946

 

Paul Éluard (francés; 1895-1952). En: Últimos poemas de amor. Traducción de César Fernández Moreno. Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1970.

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Publicado en: Poemas