~Anónimo
Por aquel tiempo, por entonces, iba Yesuguei cazando con su halcón por la ribera del Onón y vio a Yeke Chiledu, de los merkides, que había tomado una doncella. Iba con ella. Se alzó Yesuguei en el caballo. Miró bien. Vio una mujer bella como ninguna. Volvió al galope al campamento. Les siguió el rastro con Nekún, el hermano mayor; con Daritai, el hermano pequeño.
Chiledu les vio venir y sintió miedo. Tenía un caballo pardo muy veloz. Salió al galope, dejando el carro solo; bordeó una loma. Los tres le siguieron. Y cuando volvió rodeando la loma, la doncella habló y dijo: ¿Viste bien a esos tres? Son distintos de todos los demás. Tienen cara de querer tu vida. Si puedes conservarla, hay
doncellas que llevan las riendas
en todos los pescantes.
Mujeres,
en todo carro negro.
Si conservas la vida, encontrarás mujer. La llamarás también como me llamo yo, Joguelun, aunque tenga otro nombre. Sálvate. Vete ya. Toma, lleva mi camisa, en ella va mi olor.
Se quitó la camisa. Tendió él la mano sin desmontar para cogerla. La olió. Venían ya los tres doblando la loma, venían ya por él. Salió al galope. Al galope se fue por el Onón abajo.
Le siguieron los tres hasta pasar siete collados. Volvieron grupas luego. Regresaron. Yesuguei el Valiente tomó las riendas del carro de Joguelun. El hermano mayor, delante. El pequeño, de un lado.
Cuando ya se acercaban, Joguelun cantó así:
A mi joven señor
nunca el viento contrario
le soltaba las trenzas.
Él nunca pasó hambre perdido
por las tierras sin dueño.
Ahora el viento le azota la cara,
le echa las trenzas a la espalda,
le golpea con ellas el pecho
si se vuelve a mirar.
Después de que cantó esto, rompió a llorar. Gritó hasta hacer temblar las aguas de los ríos, hasta que temblaron los bosques y los valles.
Y dijo Daritai, el hermano pequeño:
El que abrazabas,
ya pasó muchos montes.
El que lloras,
ya cruzó muchos ríos.
Si gritas,
ya no te verá
aunque vuelvas la vista.
Si le siguieras,
perderías el rastro.
Cállate y no llores más.
Y llevó Yesuguei a Joguelun a vivir a su tienda.
Anónimo (mongol; siglo XIII). En: El libro secreto de los mongoles. Versión de José Manuel Álvarez Flórez. Muchnik Editores. Barcelona, 1985.