~Christopher Merrill
Un muchacho domina el balón
al fin del entrenamiento: del pie derecho
al izquierdo, hacia adelante y atrás,
al pie derecho, al izquierdo, y del izquierdo
al muslo, mientras gira en círculo, hasta que el balón
baja por la parte interior de su pierna,
como una cosquilla de sudor, y ahora lo domina
y lo golpea con la parte
blanda del pie, y sin que caiga le pega una,
dos, tres veces, sostenido sobre un pie
como un saltador de cuerda en el gimnasio,
y controla el balón y lo mantiene
en el aire, y ahora lo para sobre el empeine
de su pie izquierdo, el más débil,
y avanza hacia adelante, y va hacia atrás,
y eleva el balón y le da con la cabeza;
y lo mantiene en el aire, y lo cabecea
cada vez con mayor suavidad,
hasta que el balón se va durmiendo
como un estribillo moribundo,
y se balancea con lentitud sobre la frente
del muchacho; el sol ardiente
y el sudor le cubren los ojos mientras él
vuelve a cabecear el balón con levedad,
encoge los hombros, inclina la cabeza
y detiene el balón en la nuca,
y doblando la cintura, ve su sombra,
su playera ondulante, las hojas inclinadas
de grama parda en el calor del verano;
y al relajarse, el balón le resbala
por la espalda… y se escapa al pie.
El muchacho gira, va por el balón
como si fuera una roca con la que se tropezó,
y presionándolo con el pie izquierdo
lo empuja hacia el pie derecho hasta que el balón
regresa al aire, y de un taconazo el muchacho
lo eleva sobre la cabeza –¡el arcoiris!– y lo recibe
sobre el muslo extendido para que luego baje
por la rodilla y la espinilla, y el muchacho
pueda dominarlo nuevamente
del pie izquierdo al pie derecho –y del derecho
al izquierdo– mientras avanza, en el último
día del verano, dando vueltas por el campo vacío.
Christopher Merrill (estadunidense; 1957). En: Poets. org. Academy of American Poets, 2001. (Versión de LMA.)