~Primo Levi
Viejo topo
¿Qué tiene de raro? No me gustaba el cielo,
De modo que escogí vivir a solas y en lo oscuro.
Mis manos fueron hechas para cavar,
Cóncavas, retorcidas, pero sensibles y correosas.
Ahora viajo, insomne,
Imperceptible bajo las praderas,
Donde no siento frío ni calor,
Ni viento lluvia día noche nieve,
Donde los ojos de nada me sirven.
Cavo y encuentro raíces suculentas,
Tubérculos, madera podrida, filamentos de musgo,
Y si una peña me cierra el camino
Le doy la vuelta, laborioso pero sin prisas,
Porque siempre estoy seguro de hacia dónde quiero ir.
Me encuentro gusanos, larvas, salamandras,
A veces una trufa,
Otras una víbora –buena comida–
Y tesoros enterrados quién sabe por quién.
En otros días fui detrás de topos hembras,
Y cuando oía a una rascando,
Cavaba mi ruta hacia ella.
No más. Si eso ocurre ahora, cambio de dirección.
Pero con luna nueva me estimulo.
Entonces, a veces me divierto:
Me salgo de pronto del hoyo a espantar perros.
El elefante
Excaven y encontrarán mis huesos,
Algo absurdo en este lugar lleno de nieve.
Estaba cansado de la marcha y las cargas;
Extrañaba el calor y la hierba.
Encontrarán monedas y armas púnicas
Sepultadas por avalanchas: absurdo, ¡absurdo!
Absurda mi historia y la de la Historia.
¿Qué eran Cartago y Roma para mí?
Ahora mi fino marfil, nuestro orgullo y alegría,
Noble, curvado como la luna creciente,
Yace roto en astillas entre las piedras del río.
No fue hecho para agujerear petos
Sino para extraer raíces y complacer hembras.
Sólo peleamos por nuestro apareamiento,
Sabiamente, sin derramar sangre.
¿Les gustaría oir mi historia? Es breve.
El indio mañoso me atrapó y me domó,
El egipcio me puso grilletes y me vendió,
El fenicio me cubrió con armadura
Y puso una torre en mi espalda.
Fue absurdo que yo, una torre de carne,
Invulnerable, gentil y terrible,
Forzado aquí, entre estas montañas enemigas,
Me resbalara sobre este hielo suyo nunca visto por mí.
Cuando uno de nosotros cae, no hay salvación.
Durante mucho tiempo un hombre torvo y ciego
Trató de hallarme el corazón con la punta de su lanza.
He lanzado mi inútil bramido moribundo
En estas cimas,
Lívido al ocaso: “Absurdo, absurdo”.
Primo Levi (italiano; 1919-1987). En: Collected Poems. Translated by Ruth Feldman and Brian Swann. Faber and Faber. Londres, 1988. (Versiones al español, LMA). [Notas. Viejo topo. Cf. Hamlet, Acto I, escena 5: “viejo topo”. El elefante. El “hombre torvo y ciego” es Aníbal quien, según la tradición, contrajo una enfermedad en los ojos mientras cruzaba los Alpes.]