~Paul Valéry
Londres. Tigre en el zoológico. Admirable bestia, una cabeza de formidable seriedad, y esta máscara conocida donde hay algo de mongol, una fuerza real, una posibilidad, expresión cerrada de poder –alguna cosa más allá de la crueldad–, una expresión de fatalidad –cabeza de absoluto amo en reposo. Hastiado, formidable, cargado—imposible sería ser idealmente tigre.
Pero este animal admirable cruza y des-cruza sus brazos; se ven, de tiempo en tiempo, rodar sus músculos ligeros bajo la piel leonada, latigada de negro—la cola vive–. ¿Tienen ellos conciencia de esos movimientos remotos? Este animal tiene el aire de los grandes imperios.
El “chisporroteo” de los reflejos locales. Tratar de descifrar esta vida interior contenida.
No puedo demorarme demasiado tiempo en el estudio de esta bestia, el más bello tigre que he visto.
Pienso en la “literatura” posible sobre este personaje. En las imágenes que se buscarán y que no buscaré. Buscaré poseerlo en su estado de vida y de forma movible, deformable a causa del acto, antes que intentarlo por la escritura.
Movimiento pendular de las fieras a lo largo de la jaula, donde sus estrías rozan los barrotes.
Él abre sus fauces. Bostezo—presencia y ausencia del alma del tigre, que eternamente espera el acontecimiento.
Paul Valéry (francés; 1871-1945). En: Eduardo Lizalde, Baja traición.Crestomatía de poemas traducidos. Prólogo de Marco Antonio Campos. La Cabra Ediciones, Nuevo León, 2009.