~Anónimo
Vencido del trabajo el pensamiento
que él mismo había causado, yo dormía,
cuando en el sueño vi que a mí venía
la que me causa el grave mal que siento.
Diome verla muy gran contentamiento,
que señalar piedad me parecía;
y en esta novedad hallé osadía
de procurar remedio a mi tormento.
Su dulce voz oí, y me consolaba,
diciendo que esperase verme sano
por quien el acidente me causaba.
En esto recordé y hallélo vano,
y como de engañarme procuraba,
desamparóme aquella blanca mano.
En: Antonio Alatorre, El sueño erótico en la poesía española de los siglos de oro. FCE, México, 2003. [Este soneto, dice Alatorre, “es, a todas luces, obra de un principiante. Pero tiene cosas buenas. Para entender el primer terceto basta ‘traducir’ acidente por ‘dolencia’, ‘enfermedad’. La dulce voz de la desdeñosa dice en el sueño: ‘Tranquilízate. Yo, la causa del mal, prometo ahora darte la salud’. Como dirá la dama en uno de los sonetos de Marino: ‘Pon’ freno al pianto e pace spera e posa…’”.]