~Eugenio Montale
Ven acá, hagamos un poema
que no sepa a nada
y diga siempre lo mismo,
que sea como un arroyuelo
de sonidos confusos,
que se pierda en la arena
y muera suavemente en un gorjeo;
hagamos una sonatina para piano
como la haría Ravel,
una musiquilla incoherente
pero sin complicaciones,
pues créeme, en el fondo
no tiene sentido;
hagamos cualquier cosa “ligera”.
Ven, ven acá, no hay necesidad
de perturbar a Natura
con graves paisajes
y pirotecnias astrales;
ni de traer a colación
los grandes problemas eternos,
la inmortalidad del Espíritu
u otros acertijos;
diremos algunos lugares comunes,
sin grandes pretensiones,
propios de gente estereotipada,
gente sin “profundidad”;
y si nos faltan las palabras,
romperemos el hilo del discurso
sólo para divertirnos
en un minueto aproximado
que se disuelve en dorados arabescos,
se rompe en un diluvio de luciérnagas
y desaparece y nos deja en los ojos
un pulular de estrellas,
una obsesión de luces.
Después, cuando la sonata
en verdad languidezca,
la terminaremos como
dicta la moda,
sin peroratas reverberantes
ni énfasis; la concluiremos,
si conviene,
cuando parezca recomenzar.
La extinguiremos como una flama,
de golpe. Con un soplo.
Eugenio Montale (italiano; 1896-1981). Versión de Marcelo Uribe. En: Traslaciones. Poetas traductores 1939-1959. Compilación de Tedi López Mills. FCE, México, 2011.