Recordando la guerra

       ~Robert Graves

Heridas de entrada y salida relucen como plata,
el rastro duele sólo cuando la lluvia evoca.
El rengo olvida su pierna de madera,
el manco su articulado brazo de madera.
El ciego mira con sus oídos y sus manos
tanto o mejor que una vez con ambos ojos.
Su guerra fue librada hace veinte años
y asume ahora el paisaje natural del tiempo,
como cuando el viajante matutino se vuelve y mira
sus salvajes tropiezos nocturnos, cincelados en la colina.

¿Qué es entonces la guerra? No mera discordia de banderas
sino infección del cielo cotidiano
que se curvaba aciago sobre la tierra
pese a que la estación era el más aireado mayo.
Hacía presión el cielo, y nosotros, oprimidos, mostramos
lengua jactanciosa, puño cerrado y valiente verga.
Las enfermedades comunes no estaban de moda,
de nuevo era joven la muerte: sola dueña
de la muerte saludable, del prematuro espasmo del destino.

El miedo hizo buenos compañeros. Enfermos de delicia
por el descubrimiento de la brevedad de la vida,
nuestra juventud devino toda carne y renunció a la mente.
Nunca hubo tal antigüedad de idilio,
tal sabrosa miel fluyendo del corazón.

Viejas importancias volvieron nadando—
vino, carne, fuego de leña, un techo sobre la cabeza,
un arma en el muslo, cirujanos disponibles.
Hasta hubo otra vez una función para Dios—
una palabra de rabia cuando faltaban carne, vino, fuego,
cuando dolían las heridas más allá de toda cirugía.

Guerra era la vuelta de la tierra a la horrible tierra,
guerra era el fracaso de sublimidades,
extinción de todo feliz arte y fe
por las que el mundo había aún resistido, la cabeza en alto,
profesando lógica o profesando amor,
hasta que el insoportable momento golpeó—
el oculto grito, el deber de volverse locos.

Y recordamos las alegres costumbres de los cañones
mordisqueando muros de fábricas y templos
como un niño la corteza de un pastel, derribando arboledas
como un niño dientes de león con una vara.
Las ametralladoras suenan como juguetes desde una colina,
caen en fila los valientes soldados de plomo:
un cuadro para ser recordado en días maduros
cuando sabiamente consagramos el futuro
a visiones aún más fatuas de desesperación.

 

Robert Graves (inglés; 1895-1985). En: Cien poemas. Traducción de Claribel Alegría y Darwin J. Flakoll. Lumen, Barcelona, 1981.

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Publicado en: Poemas