Por Dios, amigos míos, sufro…

       ~Abu Bakr Yahyà

              1
Por Dios, amigos míos, sufro
       esos males de amores
que antes de mí mataron crueles
       a tantos amadores.
Esclavo soy (y es poco, porque
       debía ser el doble)
de quien mi amor no le contenta
……
¿Cómo no, si en mi pecho tiene
       amor herrado en oro
lo que no, salvo muerte, borran
       su asuencia ni su enojo?

              2
¿Por qué mi amor es siempre, amigos,
       reciente y no envejece?
Me quita los alientos y, aunque
       soy mozo, me encanece.
Dejáos de censuras: manso
       mi genio se os somete.
Si alguien que me levante manda,
       mi cuerpo ya no puede,
por el anhelo y por las ansias
       del amor temeroso:
igual que un pájaro sin plumas,
       caigo si volar oso.

              3
Esta gacela que me aflige
       no tiene parecido.
Está su cuerpo en luz tallado
       de marfil o jacinto;
embruja su mirada; es tierna
       igual que un gorrioncillo;
su boca es aura y es delicia;
       besarla, el paraíso.
Pero de su galán un ascua
       se vuelve el pecho todo.
¡Vivid así, o moríos, quienes
       la amáis! No hay otro modo.

              4
Quien agriamente me censura
       quitármela quisiera.
Puesto que me hacen tanto daño,
       tus críticas refrena.
Contento estoy con lo que sufro
       de angustias y de penas,
y acaso un día he de pedirle
       que cumpla su promesa.
Fascina a todos con su cara,
       tan lisa como el oro,
y en escuadrón, sin apellido,
       nos alistan sus ojos.

              5
Al retozar con ella, entre
       cortinas y almohadas,
desnudo el cuerpo –que hasta hieren,
       con verlo, las miradas—
la luna abrazo, entre su pelo
       que es cual noche cerrada,
y ella decir me suele entonces,
       gozosa y asustada:
¡NON ME MORDAS, YA HABIBI! ¡LA,
       NO QERO DANIYOSO!
AL-GILALA RAJISA. ¡BASTA!
       A TOTO ME RIFYUSO.

(El sentido es: ¡No me muerdas, amigo! ¡No, / no quiero al que hace daño! / El corpiño [es] frágil. ¡Basta! / A todo me niego”.)

 

Abu Bakr Yahyà (andaluz, muerto el año de 1145). En: Emilio García Gómez, Las jarchas romances de la serie árabe en su marco. 1ª edición, 1965; 1ª edición en Seix Barral: Barcelona, 1975. [Dice García Gómez sobre el poema: “Se trata de un poema amoroso: el poeta es esclavo de su pasión, herrado por ella con signo indeleble (estrofa 1); es un amor que no cesa, frente al que no valen las censuras, y que tiene al poeta extenuado (estrofa 2); la amada es bellísima (estrofa 3); no hay reproche malintencionado que valga para esta pasión, en la que el poeta no ceja, sin abandonar la esperanza (estrofa 4). La estrofa 5 demostraría que el amante no es tan desgraciado como antes se ha dicho, puesto que pinta una escena erótica de atrevidos colores en la que la amada se queja de la “indelicadeza” de su enamorado.]

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Publicado en: Poemas