No me canso de mirar los árboles desnudos

       ~Jaan Kaplinski

No me canso de mirar los árboles desnudos. Álamos,
abedules, tilos —todos aquellos que veo
desde mi ventana—. No puedo comprender qué los hace
extraños y a un tiempo mortalmente hermosos. Debería
hacer algo con ellos, me gustaría dibujarlos,
describirlos, pero no tengo la capacidad para hacerlo.
Ni siquiera puedo describir lo que siento
sentado aquí frente a la ventana mirando las ramas oscilantes
en la oscuridad que crece, algunas cornejas solitarias
en el viejo fresno, el abedul que se levanta entre la pila de los leños.
Escribo sobre ellos simplemente, intento nombrarlos:
Populus, Tilia, Betula, Ulmus, Fraxinus,
como otros nombran a sus santos o leen mantras.
Y siento cierto alivio. Quizá veo, incluso,
que estos vástagos y ramas,
este borrascoso diseño cotidiano bosquejado en negro y gris
encierra algo todavía. Como la palma de la mano.
Carácter. Destino. Futuro. Carácter del álamo.
Destino del tilo. Personalidad del abedul. Es difícil
decirlo con palabras. Probablemente no lo sea menos
sin palabras. Los mundos
de los árboles y de los hombres son muy dispares.
Sin embargo,
hay algo casi humano, casi inteligible
en esta red de ramas. Casi una escritura, un
lenguaje que yo ignoro aunque sé
que el texto escrito en él me resulta familiar,
no puede ser muy distinto de lo que leemos
en un libro, en una palma o en un rostro.

 

Jaan Kaplinski (estonio; 1941). En: Los poemas de la poesía. Carlos López, compilador. Editorial Praxis, México, 2012.

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Publicado en: Poemas