~Hans Magnus Enzensberger
Niccolò Niccolò cinco veces centenario
sobre tu dura cabeza pongo esta corona de flacas palabras
En confianza te diré que razones sobran para admirarte
tan enjuto y meticuloso y roído de teorías
Niccolò maestro del ambular rastrero
siempre amargado funcionario de una república mezquina
Estratega, embajador, Señoría, policía
siempre pagado por debajo de tus ínfulas de advenedizo
Modelo de cronistas e historiadores (Si pudiera, sin violentar demasiado,
pasar por alto o mitigar tales hechos discretamente)
Igual que tú entonces hoy fisgonean cajones inmundos
atiborrados de soldados de plomo rotos y príncipes mohosos
Como un rústico hidalgo te toca comer ahora higos, alubias y tocino seco
robado a los gusanos, y te agobian las piedras del hígado y la venta de madera
En cuanto a tus mujeres, las desplumabas como chochas
en las vísperas, y en tu mente bursátil te parecían bienes flotantes
En mi ratonera, donde no hay un alma que recuerde mis fieles servicios
ando en porfía por diez liras de deuda en el juego
No temas, Niccolò, nosotros sabemos tus méritos
y bien recordamos tus tiempos gloriosos
Por ejemplo en 1502 en Pistoia, ¿quién aconsejó al caudillo
arrasar las ciudades, quemar los campos y deportar la población?
Y si alguien se resistía, una soga al cuello y al cadalso
pues menos duelen pequeños escarmientos que tolerancia en exceso
Aquel fue un buen año para Mr. Borgia, magnísimo y brillantísimo
para su ghostwriter Niccolò y para el First National City Bank of Florence
Diez años después la catástrofe, la paga de un mundo ingrato,
el retiro a los cuarenta y tres años y una magra finca rural
Con lágrimas de amargura: Nunca más jubilosa
despierta la ingratitud como en el corazón del pueblo
Incomprendido como todo genio, gran capitán
en lo alto de una topera, vendedor ambulante de verdades eternas:
Este es el curso que todos los regímenes políticos
del mundo han seguido, siguen y seguirán siempre.
La prueba: la Historia, tu autorretrato, una retahíla
de rapiñas, perjurios y locas intrigas
Acabada la labor del día me desprendo de la sucia chamarra,
visto mis hábitos cortesanos y voy a la columnata de los ancianos
Y vena poética en la noche: sonetos de mendigo al gángster de turno
Todo renacentista cabal se humilla de vez en cuando
Niccolò Niccolò flor y nata de Europa, henchido
hasta el cuello de Razón de Estado y de conciencia inenarrable
Viste la oreja a tus lectores: Napoleón, Franco, Stalin y yo,
tus agradecidos discípulos, y por ello mereces elogios:
Por tus secas frases lapidarias, por tu audaz cobardía,
por tu profunda banalidad y por tu Nueva Ciencia
Niccolò, canalla, poeta, oportunista, clásico, verdugo:
eres el puro retrato del pasado y por eso elogio el que pintaste
Compadre Niccolò, te juro que no lo olvido, y por ser mil veces
tus mentiras verdad, maldigo otras tantas tu mano torcida.
En: Hans Magnus Enzensberger (alemán, 1929), Mausoleo. 37 baladas de la historia del progreso. Trad. Kim Vilar. Editorial Anagrama, Barcelona, 1979.