~Saito Mokichi
DOS
De lejos le traigo
medicinas, me mira,
pues soy su hijo.
—
Me acerco, ella me mira
y murmura, dice algo pues
soy su hijo.
—
Polvo en la lanza
barnizada de rojo en la
viga: lo veo, en la mañana
estoy cerca de mi madre.
—
Ofrecí mis plegarias al
sol naciente entre las
montañas. Florecen
aún las aguileñas.
—
Recostado con mi madre,
moribunda, en la noche
callada se eleva a los
cielos el croar de
arrozales lejanos.
—
Al amanecer, insoportable
pesa el aroma azul de las
moreras, llamo a mi madre.
—
Al acercarme a la mirada
moribunda de mi madre le
dije: florecen las aguileñas.
—
Primavera, la luz se
derrama, estoy triste.
Tal vez ya nacieron los
jejenes en los yerbazales.
—
Humedezco la frente de
mi madre moribunda,
lágrimas incontrolables:
me recupero.
—
Lejos de la mirada de mi
madre hace un rato que
miro dormir entristecido
los gusanos de seda.
—
Mi madre, mi madre va
a morir, mi madre con sus
grandes pechos caídos que
me dio la vida.
—
Muere mi madre con
los pechos caídos
contemplada por dos
golondrinas rojas en el
travesaño del techo.
—
Vino la gente a mirar a
mi madre camino de la
muerte, camino de la
muerte.
—
Entro, estoy solo en el
cuarto donde cría el
gusano de seda, aumenta
mi soledad.
Saito Mokichi (japonés, 1882-1953). En: Shinitamau Haha. Muere mi madre. Versión de José Kozer. Verdehalago, México, 1994.
Llegando a la adultez, siendo tan viejo como mi propia madre, los recuerdos se confunden con lo cotidiano y surgen vividos… los recuerdos en la mesa compartiendo la once o los almuerzos, con mi madre, mis hijas, mi nieta y mis nietos… mi esposa, anfitriona contumaz, nos complace el paladar con alguna invención culinaria… los sueños y proyectos revolotean sobre nuestras cabezas, mientras se acerca el día de ambos…