~Enrique González Rojo
Casas de treinta pisos
avisperos de la arquitectura,
sobre un cielo de índigo
sus perfiles dibujan.
Pastor del alma, niño
vacilante en las sombras, se apresura.
En mitad del camino,
su rebaño de miedo y de preguntas.
Como cerré los ojos por instinto
se hizo la noche y se apagó la luna;
pude lanzar un grito,
pero la boca quedó muda.
Empujado al abismo
como en un carro de montaña rusa,
todo lo fui dejando en el camino,
hasta que el alma apareció desnuda.
Entre sombras y vientos enemigos,
soñaba recoger, una por una,
extraviadas ovejas del destino
en los campos sin brújula.
Pero cerré los ojos por instinto;
se hizo la noche y se apagó la luna.
Pastor del alma, niño
desorientado por la montaña rusa!
Enrique González Rojo (mexicano; 1899-1939). En: Jorge Cuesta, Antología de la poesía mexicana moderna (1928; FCE, 1985. Presentación de Guillermo Sheridan.)