~Umberto Saba
Mi padre fue para mí “el asesino”,
hasta que a mis veinte años lo encontré.
Entonces comprendí que él era un niño
y que el don que poseo de él provenía.
Tenía en su rostro mi mirada azul,
una sonrisa, en la indigencia, dulce y astuta.
Siempre anduvo errante por el mundo;
más de una mujer lo amó y lo alimentó.
Era alegre y ligero; mi madre
sentía todo el peso de la vida.
Se le escapó de las manos, como un balón.
“No te parezcas—me decía—a tu padre”.
Y yo en mí mismo lo comprendí más tarde:
Eran dos razas en antigua contienda.
Umberto Saba (1883-1957). En: El cancionero. Edición de Ana María del Re. Monte Ávila Editores, Caracas, 1989.