~José de Jesús Núñez y Domínguez
A Eduardo Colín
Está mi vida llena de nombres femeninos,
nombres de flor y pájaro y de piedra preciosa;
unos, gratos al alma como los viejos vinos;
otros, breves y lindos, como una mariposa.
Está llena mi vida de nombres de mujer.
Cada nombre es un sitio, una hora, una escena:
un jardín otoñal me rememora Esther,
María un “garden party” y un baile Magdalena.
El corro familiar evoca en mí Lucía
con el frágil encanto de las tazas de té,
y en esas cinco letras solloza la armonía
de una felicidad que por siempre se fue.
Helena es el crepúsculo cuyo moaré la lluvia
rasga con sus agudos puñales de cristal,
es la mirada hipnótica y la cabeza rubia
reclinada en mi hombro como en un cabezal.
El esplendor del vicio dora el nombre de Luisa
que sacrifica a Venus sus más níveas palomas,
y Esperanza es como una interminable risa
que va regando júbilos igual que un viento aromas.
No como en la novela de Dumas, Margarita
despierta con su nombre episodios galantes…
Margarita es la fuente de una primera cita,
que habla de amor con lengua flexible de diamantes.
Está mi vida llena de nombres femeninos,
y así como se inundan en el atardecer
del oro moribundo de la luz los caminos,
está mi vida llena de nombres de mujer.
José de Jesús Núñez y Domínguez (mexicano; 1887-1959). En: Esther Hernández Palacios, Ángel José Fernández: La poesía veracruzana (Antología). Universidad Veracruzana, 1984.