~Max Jacob
Era cerca de Lorient, había un sol brillante y paseábamos, mirando a través de esos días de septiembre al mar alzarse, alzarse y cubrir los bosques, los paisajes, los acantilados. Pronto ya no quedó más para combatir al mar azul que las veredas sinuosas y las familias se arrimaban. Entre nosotros estaba un niño vestido de marinero. Estaba triste y me tomó de la mano: “Señor”, me dijo, “yo he estado en Nápoles; sepa usted que en Nápoles hay cantidad de callecitas; en las calles uno puede estar a solas sin que nadie lo vea: no es que haya mucha gente en Nápoles sino que son tantas las callecitas que nunca hay una calle por persona”. “Qué mentiras le está contando el niño”, dijo el padre. “Él nunca ha estado en Nápoles”. “Señor, su hijo es un poeta”. “Está bien, pero si me sale literato le retuerzo el pescuezo”. Las veredas sinuosas que el mar dejó secas lo habían hecho soñar con las calles de Nápoles.
Max Jacob (francés; 1876-1944). En: The Random House Book of Twentieth Century French Poetry. Edición de Paul Auster, Vintage Books, 1984.