~Anónimo
Ya se va la recién casada
sabe Dios si volverá:
adiós queridos hermanos
adiós querida mamá.
—Caballero por fortuna
¿tú no has visto a mi marido?
—Señora no lo conozco
deme una seña y le digo.
—Mi marido es blanco y rubio
si boquita muy cortés
y en la cacha de su espada
tiene un letrero francés.
—Por las señas que me has dado
yo lo vi muerto ayer:
en la guerra de Valencia
lo mató un traidor francés,
y me dejó por encargo
que me case con usted.
—Siete años lo he esperado
y otros tres lo esperaré
si para entonces no viene
con usted me casaré.
Tengo mi vestido negro
y mi tápalo café
y me miro en el espejo
¡qué chula viuda “que dé”!
Anónimo. En: Andrés Henestrosa, “Retrato de mi madre”. Taller. I / VI. Diciembre de 1938 / Noviembre de 1939. Revistas Literarias Mexicanas Modernas. Primera edición facsimilar, FCE, México, 1982. [Dice Henestrosa: “Este romance, el de Las señas del Marido, se recita en varios pueblos del Istmo de Tehuantepec, con muy leves variantes. Perfectamente memorizado, sólo el el último renglón interfiere con el zapoteco. Por ¡Qué chula viuda quedé! se dice ¡Qué chula viuda que de! Esto es, viuda junto al fogón”.]