~Pedro Luis Marqués de Armas
(según Gastón Barquero)
He visto una paloma en el alero de la casa
blanca y sin pasión como la nieve en una foto del Norte.
Tras el velo de la paloma he visto a mi madre:
mi madre murió hace mucho tiempo y creo que está en el cielo.
Una vez me perdió en un Banco de la calle O’Reilly
y yo me fui en la saya de otras mujeres oscuras.
No eran blancas palomas las oscuras mujeres
ni de nieve como las que vi en una foto del Norte.
Qué misterio lunar el de la memoria mía
si me concede la inocencia y la sutilidad de todo.
Soy un niño o un mago o a todos he mentido tan bien
que ya mi madre me halla al doblar de alguna esquina.
—En la taza del rey yo me tomaba un café.
El rey pone su mano en mi cabeza inocente,
me hace confesar el destino de cosas que nunca he comprendido—.
Una blanca paloma por tanto no es la nieve
ni el cielo un aposento seguro.
Entonces soy un niño y lo confundo todo
o soy un rey que olvida.
Mi madre me perdió en un Banco de la calle O’Reilly
pero las palomas se posaron en mi hombro.
Y cuando quise recordar la pasión del otro niño,
pensé en el mar, ese otro sueño que yo tuve.
Le dije: —Oh, mar, querría usted mostrarme
el cuerpo cierto de la paloma,
el luminoso cuerpo de mi madre,
el balcón, el abismo.
Pedro Luis Marqués de Armas (cubano; 1965). En: Novísima poesía cubana. Antología (1980-1998). Selección y edición de Jorge Cabezas Miranda. Ediciones Colegio de España. Salamanca, 1999.