~Anónimo
El día catorce de junio,
señores, tengan presente,
ocurrió en Guadalajara
el más horrible accidente.
En la barranca de Oblatos,
a Tlaquepaque cercana,
se volcó una vagoneta
a fines de la semana.
El señor Alfonso Torres
convidó a algunas damas
que visitaran las obras:
“Las Fuentes”, que tienen fama.
Aceptaron complacidas
Aurora Núñez, Solís
y otras bellas señoritas,
que murieron en un tris.
También el coronel De Arco
se unió a la alegre partida
en unión de su familia y
cinco empleados de salida.
Dicen q’Alberto Fernández,
que cuidaba en ese rato,
estaba un poco bebido
y no atendió el aparato.
El caso fue que una escena
horrible pronto pasó,
la vagoneta, del cable
por su peso se salió.
Fue una horrible confusión
la que entonces se produjo;
los cuerpos fueron lanzados
cual por la mano de un brujo.
Se avisó a Guadalajara
y el Jefe de Policía
salió con bastante gente
a auxiliarles cual pedían.
Por las laderas bajaron
cuando ya había oscurecido
y con riesgo de sus vidas
buscando allí a los heridos.
Como a setecientos metros
de bajar por esa sima
encontraron ya despojos
de la vagoneta encima.
Cadáveres destrozados,
ropas, vestidos, zapatos,
se encontraban ya tirados
entre peñas, en Oblatos.
Un cadáver de mujer
con las piernas fracturadas,
junto de un niño pequeño
estaba muy desfigurada.
Un hombre joven yacía
junto a una bella mujer
y un poquito más abajo
otra joven cerca de él.
El ingeniero también
murió como los demás,
destrozado en la caída,
masa informe era nomás.
Una señorita Núñez
tenía encima una gran peña y
cuatro empleados ya difuntos
estaban muy junto de ella.
El cuerpo de una señora
entre sus brazos tenía
el cadáver de una niña,
aun muerta la defendía.
Señor Pulido murió
con las entrañas deshechas
y el jefe Encina Peñazco
tenía rotas las muñecas.
El señor M. del Campo
prestó una ayuda eficaz
y montado en su caballo
localizó a los demás.
Los deudos desesperados
se encontraban en la orilla
sondeando entre las tinieblas,
creyendo ser pesadilla.
Catorce fueron los muertos
en la horrorosa tragedia,
truncándose aquellas vidas
como macabra comedia.
A las once de la noche
se llevaron los despojos;
entrando a Guadalajara
con lágrimas en los ojos.
Tristeza da el noticiar
esa desgracia terrible,
y es mi deber avisar,
aunque sufra lo indecible.
Ya con esta me despido,
aunque se rompan los platos;
ya les conté un pormenor
de la tragedia de Oblatos.
Anónimo. En: Vicente T. Mendoza, El corrido mexicano. FCE, México, 1954; 1ª. Reimpresión, 1974.