~Edith Boisonnas
[Traducción de Jorge Luis Borges]
Estaba allí, toda ella roja piel,
Animal y diosa a la vez,
Adormecida, estirando por encima del musgo
Su cola de zorro, el hocico estrecho.
Sentí que hubiera dado la vida
Por acariciar su cuerpo de pelo espeso.
Con precauciones infinitas
Me acerqué sin turbar esta paz
De su sueño, para asir su secreto.
Por su calor tengo que volver a encontrar
El enorme animal olvidado,
Las patas húmedas, la garganta que cobija,
Las garras, los dientes, los flancos estriados,
Los cisnes crueles que silban su cólera,
Las escamas que manan mortalmente de las piedras,
Las alas de lenguaje incomprendido.
(En el secreto de los enmohecimientos
Los tallos se buscan también
Y se mezclan sin medida.
Las coníferas han relegado
Su sexo menudo en semillas
En que el recuerdo del mar, apenas
Una gota de agua, ha quedado.)
Me acercaba sin turbar esta paz
Para acariciar su cuerpo de pelo espeso.
La maldad del cielo me atrapaba en su red.
Oía gruñir una voz muy profunda,
Entre sus largas patas, uñas desnudas.
El corazón me palpitaba con un ritmo desconocido.
Por su calor tengo que volver a encontrar
El enorme mundo animal olvidado,
Las fieras, los pulpos, los flancos de las lobas,
Los ibis, los gallos y las grandes aves marinas.
Las pinzas, las astas, las cuernas,
Las orejas de los linces, y los bigotes
De los tigres, de los gatos, de ciertos peces,
Las antenas curvas de las mariposas.
La historia de familia que se oculta,
Reminiscencia de nuestros embriones.
Me acerqué, mi sombra fue la mancha
Fresca sobre tanto calor, sobre tanto deseo.
Ella sólo despertó para huir.
Edith Boisonnas (suiza, de lengua francesa; 1904-1989). En: Borges en Sur. 1931-1980. Emecé Editores, Buenos Aires, 1999.