Guitarra

       ~Gastón Baquero

De niño fui llevado al corazón exacto de la India,
quiero decir, a un templo desconocido en el centro mismo de la
       India,
más lejos todavía de donde alcanza la memoria de los brahamanes,
allí donde los santuarios que no puede pisar el tocado de impureza,
custodiados por blancos cocodrilos, ceremoniosos leopardos,
       adolescentes ciegos.
Fui introducido furtivamente en el hogar cimero del dios:
protegido por el velo de interminables melodías, de fina llovizna de
       sonidos
entre los pliegues del manto de un anciano venerado,
cuya santidad es comparable a la fuerza persuasiva de su magia.
Fui depositado a los pies del dios terrible, no como un desafío,
sino para ver de vencerle la cólera de su corazón,
pues todos sentían piedad de aquel dios poseído de un furor
       inacabable,
que iba devorando cada día un territorio más de su esperanza.
Y allí quedé, frente a frente de sus terribles ojos asombrados.
Pero el dios devorador de llamas, de claros pensamientos y de
       bosques,
aquel que se alimentaba con la sangre de sí mismo y quemaba en
       furor su alma,
vio perdida su fuerza y hubo de perdonar y darse a sí propio la paz,
porque durante todo el tiempo que estuve en el santuario,
tocaba en mi guitarra suaves melodías: aquellas
que le recordaban al dios su propio nacimiento.
                                                                            Y es que
vuelto a vivir en el país de la infancia, también un dios descubre
la inagotable felicidad de colocarse de espaldas al destino.

 

Gastón Baquero (cubano; 1918-1997). En: Poesía completa. Editorial Verbum, Madrid, 1998.

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Publicado en: Poemas