Estrofas a la memoria del General Porfirio Díaz

       ~Guillermo Aguirre y Fierro

                     I
       Para aludir a la gloria
de aquel guerrero esforzado
cuyo nombre está grabado
con letras de oro en la Historia;
para cantar la memoria
de aquel noble paladín,
no es lira, sino clarín
lo que al poeta le falta,
para pregonar más alta
aquella vida sin fin.

                     II
       Cruzan hombres por la vida
que dejan tras de sus huellas
como un reguero de estrellas
en la extensión inmedida;
que después de su partida
tan hondamente llorada,
ni tocan a su occidente,
porque es faro independiente
su memoria consagrada.

                     III
       De estos seres fue aquel hombre
cuya vida fue un poema,
que de Patria el sacro emblema
escribió junto a su nombre.
Y por ello, a nadie asombre
que en pos de aquel inmortal
se eleve un himno filial
y amante, cada segundo,
nacido de lo profundo
del corazón nacional.

                     IV
       Sin embargo, no a llorar
vengamos, al gran patricio,
que “el héroe del sacrificio,
el que ha podido lograr
que sea su tumba un altar
de los buenos mexicanos,
no pide sollozos vanos
ni amargas lamentaciones,
¡sino grandes corazones
que aplasten a los tiranos!”

                     V
       No profanen su memoria,
no se acerquen a su templo
los que no miren su ejemplo
como luminar de gloria.
Siga de largo la escoria
ebria de furia y venganza;
atrás; el que aquí descansa,
patriota noble y entero
¡no se apellidó Madero
ni se apellidó Carranza!

                     VI
       Que los falsos paladines
no se acerquen a su fosa;
que no profanen su losa
las manos de los Caínes.
El vino de los festines
del moderno Baltasar,
no se puede transformar
en aras del amor santo,
en las gotas de este llanto
que hoy venimos a ofrendar.

                     VII
       Con Carranza los villanos
de las cainescas orgías,
y junto a Porfirio Díaz
¡nada más “los mexicanos!”
No lleguen aquí las manos
que han esgrimido el puñal,
las que han derramado el mal,
las que todo lo han manchado;
¡los viles que han comerciado
con el honor nacional!

                     VIII
       Recordamos a un valiente
defensor de su bandera,
que ante la voz extranjera
jamás humilló la frente.
Que proclamó independiente
su nación, pues no le plugo
buscarle un altivo yugo
orgulloso y soberano,
¡ni que una extranjera mano
fuese a arrojarle un mendrugo!

                     IX
       Cuando todo era agonía
en nuestra triste nación,
cuando la torva ambición
sus rigores esgrimía;
cuando la ciega anarquía
sembraba doquiera el mal,
y entre el hierro y el dogal
furiosa pugna reinaba
que en peligro colocaba
hasta el honor nacional;

                     X
cuando la fuerza era ley
y era razón el acero,
cuando un poder extranjero
quiso imponernos un Rey;
cuando la cainesca grey
sin honor y sin conciencia
quiso con servil prudencia,
tras de mil batallas rudas,
por los dineros de Judas
vender nuestra independencia;

                     XI
de entre el grupo de valientes
que hicieron con noble afán
brotar fuego del volcán
de sus iras igniscentes;
de entre el grupo de videntes
de estupendas energías,
para, a las locas porfías
poner final, brotó un hombre.
Todos conocen su nombre:
¡se llamó Porfirio Díaz!

                     XII
       Por su patria alzó su acero,
noble, valiente y audaz,
¡y fue el primero en la paz
y en la lucha fue el primero!
Ser de corazón entero
y de firme voluntad,
dio a su pueblo libertad,
y al destrozar sus cadenas
¡con el jugo de sus venas
pagó su inmortalidad!

                     XIII
       Estadista excepcional
cuya actuación fue un ejemplo,
supo levantar un templo
sobre un infecundo erial.
Puso bien donde hubo mal;
calmó el homicida exceso,
y su nombre dejó impreso
en las hojas de la historia,
alzando sobre la escoria
paz, libertad y progreso.

                     XIV
       Su mano a los irredentos
camino abrió sin espinas
y sobre las patrias ruinas
supo erigir monumentos.
Su nombre lanzó a los vientos
la gratitud nacional,
y la aclamación mundial
gritó su gloria, por eso:
¡porque hizo paz y progreso
donde hubo grillo y puñal!

                     XV
       Pero el pesado capuz
del triste ayer reclamamos:
¡éramos ciegos y odiamos
aquel ambiente de luz!
Nostálgicos de la cruz
que ya no nos aplastaba,
ardió nuestra sangre brava,
al mirar, de enero a enero,
que descansaba el acero
y el arado trabajaba…

                     XVI
       Entonces, un soñador
vino a hablarnos al oído,
y llamó al pueblo “oprimido”,
y al Patriota, “dictador”.
El extraño protector
tendió su mano al servil.
Saltó del fuerte carril
aquel tren firme y potente
¡y se encendió nuevamente
la horrible guerra civil!

                     XVII
       Cómo no, si las pasiones
indignas se desbordaban?
¿Cómo no, si fermentaban
las bastardas ambiciones?
Muy pronto, armadas legiones,
del uno al otro confín,
en un sangriento festín
sal picaron sangre y lodo
y fue a profanarlo todo
la vil mano de Caín.

                     XVIII
       Y aquel bravo general,
aquel Titán arrogante,
que, sobre todo, fue amante
del sacro honor nacional,
viendo su obra colosal
manchada por los traidores,
el país de sus amores
tristemente abandonó,
y al irse, espinas dejó
en donde él sembrara flores.

                     XIX
       Y al zarpar, en Veracruz,
cuando hacia Europa marchaba,
cuando su barco dejaba
como un reguero de luz
negro y profundo capuz
cobijaba a la nación,
y la armada rebelión
la Revolución maldita,
con acero y dinamita
sembraba la destrucción.

                     XX
       De entonces acá, el furor
de la lucha no ha cesado,
y la revuelta ha llenado
la patria de deshonor.
Más de un ajeno rigor
ha violado nuestro suelo,
¡y hemos visto, oh desconsuelo,
oh amargura, oh soledad,
la servil complicidad
de un risible tiranuelo!

                     XXI
       Por eso, entre nostalgías
amargas que aquí sentimos,
a tu recuerdo acudimos,
oh noble Porfirio Díaz.
Tú, que por norma tenías
domeñar la envidia ajena,
que tuviste el alma llena
de patriota sentimiento;
¡Señor, préstanos tu aliento
para no morir de pena!

                     XXII
       Préstanos tu heroicidad
y la fuerza de tu alma;
¡préstanos tu augusta calma
enfrente a la tempestad!
Hablemos de Libertad,
tus cenizas veneradas,
para que dignas espadas
de hombres que sigan tu ejemplo,
¡arrojen del patrio templo
a las turbas desalmadas!

                     XXIII
       Escucha cuál gime Abel
con amargo desconsuelo
y pide piedad al Cielo
puesto que vives en él.
Tánta sangre y tánta hiel,
tánta miseria y baldón,
ya piden por compasión
que la indignidad sucumba,
¡que tú te alces de la tumba
y salves a tu nación!

                     XXIV
       ¿No has oído los lamentos
de tu pueblo desdichado?
¿Su queja no te han llevado
las estrellas y los vientos?
¿No escuchas latir violentos
los corazones hermanos?
¿No llegan a tus arcanos
de sus pechos los latidos?
¿No oyes gemir de oprimidos?
¿No oyes reír de tiranos?

                     XXV
       Pues tal es, padre, la herencia,
ya que hay quien así la llame,
de ese movimiento infame
de furor y de inconsciencia.
Surge, Señor, en esencia,
y tus hechos que redimen
a tu pueblo, nos animen
para tornar al pasado
y acabar con el reinado
de la deshonra y el crimen.

                     XXVI
       No hay que llorar, mexicanos
ante la augusta memoria
del que llenó nuestra historia
con sus hechos espartanos.
Hay que ir contra los tiranos,
y marchar al porvenir,
y la patria redimir
y dignificar su templo,
y para imitar su ejemplo,
¡hay que vencer o morir!

                     XXVII
       No ante su templo, a llorar
vengamos, al gran patricio,
que el héroe del sacrificio,
el que ha podido lograr
que sea su tumba un altar
de los buenos mexicanos,
no pide sollozos vanos
ni amargas lamentaciones,
¡sino grandes corazones
que aplasten a los tiranos!

Guillermo Aguirre y Fierro
2 de julio de 1919. Laredo, Texas.

 

Guillermo Aguirre y Fierro (mexicano; 1887-1949). En: Revista Mexicana. San Antonio, Texas, 6 de julio de 1919. [Es el mismo autor del poema más popular en la poesía mexicana, “El brindios del bohemio”, que por cierto este 2015 cumple cien años. En el periodismo de la época, Aguirre y Fierro fue antiporfirista y luego antimaderista; acabó desterrado en Estados Unidos. Debemos el hallazgo de este curioso e inflamado poema sobre Porfirio Díaz al fatigador de archivos Antonio Saborit, quien en el 2010 lo encontró en la Universidad de Houston bajo el registro “Recovering the U. S. Hispanic Literary Heritage Project. Periodicals Project”.]

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Publicado en: Poemas