~Diego Ramírez Pagán
Dardanio, con el cuento de un cayado,
el nombre y la figura deshacía
de aquella ninfa, a quien él mismo había
en mil cortezas de árboles cortado.
Y con el rostro triste y demudado,
con un ¡ay! que del alma le salía:
“¡Oh perversa Marfira, –le decía–,
en quien puse mi fe, seso y cuidado,
“si pudiese del alma tu retrato
quitar, cual de los árboles le quito,
no harías mi vida ser tan corta.
“Mas, ¡ay!, cuán por demás triste me mato:
que lo que está en el corazón escrito,
borrarlo en la corteza poco importa!”
Diego Ramírez Pagán (¿1524?-?). En: Poesía de la Edad de Oro. I. Renacimiento. Edición de José Manuel Blecua. Clásicos Castalia, Madrid, 1984. [Blecua comenta: “(Ramírez Pagán) bajo el nombre de Dardanio y Silvano celebra la belleza de Marfire. Algún soneto, como el que comienza ‘Dardanio con el cuento del cayado’ se hizo tan popular que en la Floresta (de varia poesía, Valencia, 1562) figura con el encabezamiento que he copiado y una manecilla para llamar la atención del lector)”.