~Anónimo
Personajes
Monigote Isidro
Viejo (licenciado) Médico
Monigote: ¡Tamales! ¡Y calientitos!
El vapor que exhalan es
aroma confortativo.
Yo me como uno, que a bien
no han de decir que yo he sido,
sino la gente de casa
le echarán la culpa a Isidro.
Yo como otro, que contados
no han de estar, ¡y son tan ricos!
¿Si me verán? ¡Santo cielo!
¡Ojalá no me hayan visto!
¡Ay Jesús! Este es de dulce:
por aqueste soy perdido…
¡Qué sabroso! Ya la miel
me chorrea por el hocico…
(Límpiase)
Viejo (a la puerta; aparte):
(¡Qué es lo que veo, Dios santo!
¡Que haiga hombre tan atrevido
que sin recelo se esté
comiendo mis tamalitos!
¡Por el siglo de mi madre,
me ha de pagar el delito!)
Monigote: (¡Ay Jesús, que al Licenciado
llegar a la puerta he visto!
Tapo el plato como estaba
y refriégome el hocico.
¿Si me vería, santo cielo?)
Viejo
(saliendo): ¡Oh, señor don Jorge, amigo!
¿Tanto bueno por acá?
Monigote: Señor licenciado, al juicio
de su gran jurisprudencia
mi rustiquez ha venido
a consultar.
Viejo: Bien está.
Aguárdeme usted, amigo.
¡Isidro, Isidro!
Isidro: ¡Señor!
Viejo: ¿Ya ves esos tamalitos?
¡Tíralos por la ventana!
Monigote: ¿Por la ventana? ¡Dios mío!
¿Pues qué tienen los tamales?
Viejo: ¿Que qué tienen los tamales?
El veneno más activo,
que sólo con el olor…
Monigote: Dígame usted, señor mío,
¿Y si un hombre se comiera
uno de esos tamalitos?
Viejo: No durara un cuarto de hora.
Monigote: (Mas ¡qué escucho, Dios bendito!)
¿Y si se comiera dos?
Viejo: No pudiera quedar vivo.
Monigote: ¿Y si se comiera tres?
Viejo: Le dieran los parasismos.
Monigote: ¿Y si se comiera cuatro?
Viejo: ¡Reventara de improviso!
Monigote: ¡Pues ya me llegó la hora!
(Cae de rodillas)
Señor mío Jesucristo,
Dios y hombre verdadero,
Criador y redentor mío…
Viejo: ¿Qué es esto, amigo don Jorge?
¿Ha perdido usted el juicio?
Monigote: No, señor, sino que el Diablo
en este plato previno
esos tamales, y yo,
ignorante, inadvertido,
sin reflejar lo que hacía,
me he comido cuatro o cinco.
Viejo: ¿Se los ha comido usted?
¡Jesús, Jesús, qué mal hizo!
Monigote: ¡Hice mal!
Viejo: Y ahora el veneno
comenzará a hacer su oficio.
Monigote: ¡No, señor mío! ¡Dé usted
paso a algún remedio!
Viejo: ¡Isidro,
Isidro!
Isidro: Señor, ¿qué mandas?
Viejo: ¡Se muere este pobre amigo!
¡Anda, llámate al doctor!
Monigote: Y al confesor, amiguito:
porque ya siento que va
desplegándose el ombligo…
(Sale el Médico. Estará el Monigote envuelto
en una sábana y el orinal en las manos)
Médico: ¡Tengan ustedes buen día!
¿Qué es lo que ha acaecido?
Viejo: Que el bachiller que usted ve
se ha comido cuatro o cinco
tamales de rejalgar.
(Hace secreto el oído al Médico)
Médico (aparte
al Viejo):
(Ya estoy de Isidro advertido
de la burla que han trazado,
y esforzarla solicito…)
Monigote: ¡Miren ustedes qué alivio!
¡Malditos sean los tamales
y la puerca que los hizo!
Médico: Trae, Isidro, la bebida.
(Aparte, al Viejo)
(llena está de piloncillo)
Tome usted esta bebida.
Monigote: ¡Jesús, que me ha consolado
el estómago lo frío!
(Dentro gritan: “Tamales de chile, de especie y de capulines…”)
Monigote: ¡India de todos los diablos!
¡Anda a pegar esos gritos
al infierno, y vende allí
esos tamales cochinos!
Y usted, señor doctor, tome,
que no menos me ha molido.
(Le da de puñadas)
Todos: ¡Ah pícaro Monigote!
¡Ah picarón atrevido!
(Danse de palos unos y otros,
y fin de la pieza.)
Anónimo (mexicano; 1818). Hallazgo y reconstrucción de Antonio Alatorre. Guía de forasteros. Estanquillo literario III. Instituto Nacional de Bellas Artes, México, 1985.