~José Rosas Moreno
Cuán dulce es la armonía
de tus cantos de amor. Cuánta ternura,
cuánta melancolía,
qué extraño sentimiento
hay en tu triste acento,
bardo alado de Anáhuac, bardo errante,
morador de sus bosques silenciosos,
trovador de sus lagos rumorosos.
Cuando su luz brillante
vierte la primavera en los jardines,
tiendes al viento tú las pardas alas
cruzas el valle umbrío,
y alegres himnos amoroso exhalas,
entre los sauces del tranquilo río.
En el ardiente estío,
cuando el sol en el cielo apenas arde,
el himno de la tarde
cantas en las praderas
al rumor de las brisas lisonjeras.
Y en la noche callada,
cuando la luna pálida fulgura,
como virgen que vela enamorada,
y la naturaleza desmayada
en grata, inmóvil languidez reposa,
y la nocturna diosa
vierte doquier su plácido beleño,
en el sereno ambiente
suspiras tiernamente
la tímida canción de un dulce sueño.
En esas tristes horas
tu cadenciosa voz llega al oído,
el silencio turbando,
como el eco fugaz de un bien perdido;
como el vago gemido
de un alma ardiente, que en ardiente ahhelo
la tierra va cruzando,
solitaria y doliente suspirando,
sin cesar suspirando por el cielo.
………………
José Rosas Moreno (mexicano; 1838-1883). En: Isidoro Enríquez Calleja, Lengua y literatura españolas. III curso. 1ª edición, 1954; Editorial Esfinge, México, 1968.