El viajero mental

       ~William Blake
       [Versión de Pablo Neruda]

He viajado a través de un país de hombres,
un país de hombres y también de mujeres,
y he oído y visto tan horrendas cosas
como nunca los caminantes de la fría tierra han conocido.

Porque allí nace en la alegría el niño
que en el atroz dolor fue concebido,
tal como en la alegría cosechamos el fruto
que fue sembrado en lágrimas amargas.

Y si el recién nacido es un varón,
es entregado a una mujer anciana
que lo clava tendido en una roca
y en copas de oro coge sus lamentos.

Con espinas de hierro cierne su cabeza,
y agujerea sus pies y sus manos,
corta su corazón y lo desprende
para hacerle sentir calor y frío.
Sus dedos enumeran cada nervio
como un avaro contando su oro,
y de sus lamentos y gritos se nutre,
y él envejece, y ella se hace joven.

Hasta que convertido en un joven sangriento,
y ella mudada en espléndida virgen,
destroza sus cadenas, y la amarra
a ella a la tierra para su placer.

Se planta él mismo en los nervios de ella
como un labriego planta en su terreno,
y ella se convierte en su morada
y en jardín que le rinde setenta veces frutos.

Pronto se torna envejecida sombra
vagando alrededor de una cabaña terrestre,
llena de pedrerías y de oro
que ganó su trabajo.

Y éstas son las pedrerías del alma humana,
los rubíes y perlas de un ojo enfermo de amor,
el oro innumerable del corazón que sufre,
el gemido del mártir y el suspiro del enamorado.

Son su alimento y su bebida,
mantiene a los mendigos y a los pobres,
y para el caminante en viaje siempre
su puerta permanece abierta.

Su pena es alegría eterna en ellos:
hacen resonar los techos y los muros
hasta que de la lumbre del hogar
una pequeñuela emerge de pronto.

De fuego sólido ella es,
y pedrerías y oro, en tal manera
que nadie osa tocar su infantil forma
o envolverla en pañales.

Pero ella llega donde el que ama,
joven o viejo o rico o pobre:
muy pronto expulsan al anciano huésped
que se va mendigando por puertas ajenas.

Va llorando errante, muy lejos,
hasta que alguien admita hospedarle,
a menudo ciego por la edad, desesperado,
hasta que puede ganar una doncella.

Y para consolar su edad helada
en sus brazos la toma el pobre hombre.
La cabaña desaparece de su vista
y también el jardín con sus dulces encantos.

Los huéspedes están esparcidos por toda la región,
porque el ojo alterado altera todo.
Los sentidos se enrollan en sí mismos, con miedo,
Y la tierra plana se convierte en una pelota.

Las estrellas, el sol, la luna, todo huye.
Un vasto desierto sin límites,
y no queda nada de comer o beber,
y alrededor sólo el desierto oscuro.

La miel de sus labios de niña,
el pan y el vino de su dulce sonrisa,
el juego desordenado de su ojo vagabundo,
a una ilusoria infancia le conducen.

Porque a medida que come y bebe se transforma
haciéndose más joven cada día,
y ambos, en el salvaje desierto
van errantes llenos de terror y congoja.

Ella huye como cierva salvaje,
su temor planta muchos matorrales salvajes,
mientras él la persigue de noche y de día,
por artificios de amor conducido.

Por artificios de amor y de odio
hasta que el salvaje desierto entero está plantado
con laberintos de díscolo amor
donde vagan el león, el lobo y el oso,

hasta que él se convierte en un díscolo niño
y ella en una llorosa mujer envejecida.
Van a vagar allí, entonces, muchos enamorados.
El sol y las estrellas aproximan su curso.

Dulce éxtasis los árboles producen
para todos los que vagan en el desierto,
hasta que más de una ciudad allí es alzada
y más de una agradable cabaña de pastor.

Pero cuando hallan al colérico niño
el terror cunde en la extensa región:
gritan El niño, el Niño ha nacido!
y huyen en todas direcciones.

Porque hasta la raíz se seca el brazo
de aquel que osó tocar la colérica forma:
osos, leones, lobos, todos huyen aullando,
y todo árbol arroja sus frutos.

Y nadie puede tocar esa forma colérica
a menos que lo haga una mujer anciana.
Ella al niño tendido clava sobre la tierra
y todo pasa como ya lo he dicho.

(1935)

William Blake (inglés; 1757-1827). En: Pablo Neruda, Obras III. Editorial Losada. Buenos Aires, 1993. [En la Oxford Anthology of English Literature (1973), el editor Harold Bloom explica: “El poema puede describirse, brevemente, como un informe sobre un planeta grotesco dado por un ser ajeno a él, que no puede entender muy bien los horrores que ve. Describe dos ciclos que se mueven en direcciones opuestas, y en desfase el uno del otro. El ciclo natural (simbolizado por la mujer) se mueve hacia atrás, y el ciclo humano (simbolizado por el hombre) hacia adelante. Sólo hay dos personajes en el poema, pero se mueven a través de varias fases, y a veces pasan por él fantasmas de fases anteriores. El ciclo humano se mueve entre un niño de nombre Orc y un viejo, menesteroso, de nombre Urizen, y de regreso. La secuencia natural es: Tirzah (la Naturaleza-como-Necesidad), Vala (la Naturaleza-como-Tentatriz), y Rahab (la Naturaleza-como-Destructora), y luego de regreso”. En otra parte (Los poetas visionarios del romanticismo inglés, 1ª. edición en español, Barral Editores, 1974; traducción M. Antolín) escribió Bloom: “Orc es la más compleja y sugestiva de las figuras simbólicas de Blake. Su nombre se deriva de identidad primigenia, que es la recurrente energía del deseo humano, que la cortedad ortodoxa frecuentemente confina al reino de Orcus o infierno. Orc es la imaginación humana tratando de traspasar los confines de la naturaleza, pero este empuje creador que hay en él no puede separarse de la energía meramente orgánica. Es, pues, un mito totalizador, porque es el Adonis de Blake y el Prometeo de Blake, el Apolo de Blake y el Cristo de Blake, y se manifiesta en la época del poeta en figuras tan diversas como Napoleón y el mismo Blake. Esta gama, en apariencia desconcertante, de identificaciones es posible porque Orc es una figura cíclica. Es el niño del poema de Blake El Viajero Mental, que gira en la rueda del nacimiento, juventud, madurez, vejez y renacimiento”.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Poemas