~Leigh Hunt
Verde acróbata en la brillante hierba
junio toca y despierta tu corazón,
única voz del lento mediodía
cuando la abeja demora su labor.
Y tú, de la casa cálido guardián,
que juzgas que la luz se enciende pronto,
este fuego adoras, y con tu canto
mellas, del tiempo que pasa, el silencio.
Oh dulces, diminutos primos, uno
pertenece al campo, el otro, al hogar.
Ambos tienen su sol, ambos un claro
y recio corazón y ambos entonan
al oído que escucha, este canto,
estío o invierno sea – alegría.
(James Henry) Leigh Hunt (inglés; 1784-1859). Traducción de Gaspar Orozco. En: Semanario 50 x 7. Barcelona, Invierno, 2012. [Sobre este poema, refiere el traductor: “El 30 de diciembre de 1816, en una cabaña en Hampstead, el poeta John Keats entró en una curiosa competencia con su amigo Leigh Hunt. El reto, lanzado por éste último, era componer un soneto sobre el mismo tema: el saltamontes y el grillo, sus diferencias y afinidades. La pieza de Keats, muy conocida, comienza con un verso poderoso, cuyo eco sigue resonando hasta este momento: la poesía de la tierra nunca muere. El soneto de Hunt se va por otro camino. La clave está en la última palabra. Pero no sólo es la cifra del poema, sino del hombre mismo: Leigh Hunt es un poeta de la íntima alegría. Tal vez en su respectivo soneto podemos ver a Keats como el cantor del cielo y de la tierra, de los espacios vastos, abiertos, infinitos. Su amigo Hunt, en cambio, prefiere a cantar la esfera de lo familiar, de lo humanamente cercano y entrañable. Los críticos acusan a Hunt de un tono demasiado conversacional y ligero en su lírica, lo cual, según ellos, lo convierte en un poeta irremediablemente menor. Puede ser. Sin embargo, es el único poeta que yo conozco que pudo formular esta pregunta clave —en una regocijante pieza— a la cara inmutable y helada de un pez, ‘¿cómo pasa usted los domingos?’”. El bloguero añade que el reto incluía hacer el poema en quince minutos. Ninguno se pasó del tiempo; algunos dicen que Keats terminó antes.]