El sacrificio de la cebolla

       ~Ben Quzmán

0   Festejé ya mi día de Pascua:
     por carnero maté una cebolla.

1   No la pude colgar de una pata
     y empecé a desollarla allí mismo.
     No es flexible el pellejo, y se rompe;
     Si decís de curtirlo, me mato.

2   Grande apuro me entró al desollarla:
     me cansé, me lloraban los ojos.
     Me decía: “Soy dura, y no cuezo,
     “y echa mucha pimienta al freírme”.

3   Dije viendo lo blanco: “—Un lebrillo,
     “chico, trae en que ponga esta pringue”.
     Mas divieso y tumor lo hallé todo,
     cual galleta más dura que peña.

4   Si empuñé aún el cuchillo animoso,
     no era, a fe, cosa fácil usarlo.
     Mala víctima es ésta: no sirve.
     No hay en ella siquiera asadura.

5   Disparé de repente estos versos
     —arco el genio, saeta la pluma,
     venenoso yerbajo la tinta—
     y he logrado coger las ideas.

6   Nunca usé repertorio guardado.
     De improviso me viene la vena.
     Cacarearme no pueden las rimas:
     soy azor, y ellas son como el CHÁLCHAL.

 

5-3: Compara la tinta a la yerba letal que se ponía en la punta de la “flecha envenenada”. –5 y 6: Elogio consciente de la improvisación poética. –6-3: Cacarear: el sonido, en árabe, “(hacer) qáiq”. –6-4: El pájaro “gálgulo” (o “rabilargo”).

Ibn Quzmán (arábigoandaluz; n. después de 1086-m. 1160). En: El mejor Ben Quzmán en 40 zéjeles. Traducidos en calco rítmico, con un prólogo por y de Emilio García Gómez. Alianza Editorial, Madrid, 1981.

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Publicado en: Poemas