El recuerdo

       ~Stephan Hermlin
        (Versión de Pablo Neruda)

I
Terzine

Las palabras esperan. No las pronuncia nadie:
un puñado de noche sobre sus párpados,
sus cabellos entibian el nido del ratón invernal.

De su lentitud está hecho mi sueño,
de su limitación mi largo día,
el techo del viento cubre las golondrinas.

Pero ellos están solos en el cauce del tiempo.
Los relojes aniquilan sus nombres,
legado, promesa y monumento sin consagrar.

La lluvia lava una palabra y otra de las placas recordatorias,
resbala sobre Plotzensee y el Monte Valeriano.
En la mano del viento del Norte duermen las golondrinas.

Veo aún mientras de pie yo espero en las tinieblas
sus azules miradas, sus manos y su aliento,
las tardes de oro tibias como el té.

La valentía que se comportaba
como si la semana próxima fuera todo seguro,
la ciudad agitada por misteriosas banderas.

Banderas desgarradas por el viento futuro.
Marchaban sofocados por sus canciones.
Ahora su carne se disgrega bajo las mordeduras de las ratas.

Seis pies bajo la tierra en la euforia de la espera,
cuando las columnas de la lluvia se inclinan sobre ellos
sólo el descenso de las golondrinas no los olvida nunca.
A ellos que se desplazan lentamente bajo las avalanchas.

II
Las cenizas de Birkenau

Fácil como el viento tardío, como la frescura,
como la ruta de las golondrinas antes de la lluvia,
como las nubes después del color desaparecido,
como el polen del leontodon
fácil como la nieve sobre los párpados de los muertos,
como una vieja ronda de niños,
como el peso de la mariposa en la escarlata
boca del clavel, fácil como un
plato para que coman los enfermos
cuando comienzan a morir, así de fácil es el olvido,
como la frescura y el viento tardío.

Donde día y noche se entrelazan,
la herrumbre corroe los rieles,
están las cenizas de los Justos, de los No-Vengados,
alzados en el mástil de los vientos.
Birkenau, Birkenau sin abedules,
en la noche está sola,
mientras los cardos tejen
cifras sobre la piedra.
Cuando en las campiñas polacas
el cardo del sur palidecía
la tierra bajo mis suelas
me decía “Recuérdate”.

Pesado como el hierro en la montaña
como el silencio antes de la decisión,
como la caída del árbol sobre los senderos brumosos,
como sobre nuestros labios el hollín
de los que eran quemados,
pesado como el último Adiós.

Aquellos que llevaban a las Cámaras de Gas
estaban llenos de vida,
amaban el amanecer,
el canto de los tordos, eran jóvenes.
Pesado como el empuje de las nubes ante la tempestad
es el recuerdo.

Pero los que recuerdan
están allí, son muchos, se están acrecentando.
Ningún asesino escapará,
ninguna bruma caerá sobre él.
Cuando se lance contra el hombre
lo llevaremos contra el muro.
Vuela la ceniza en el mundo
como ceniza de sol férreo.
Al viejo y al joven, a todos
nos corresponderá un puñado
de cenizas para golpear,
pesadas como los recuerdos,
fáciles como el olvido.

Aquellos que por millones
dicen Paz
expulsarán a los amos,
harán fracasar a la muerte.
Los que creen en la esperanza
ven los abedules verdes
cuando la sombra de las palomas
vuela encima de las cenizas:
canto de la muerte extinguido,
que de pronto es igual a la vida:
pesado como los recuerdos
y fácil como el olvido.

 

Stephan Hermlin (alemán; 1915-1997). En: Pablo Neruda, Obras III. Editorial Losada. Buenos Aires, 1993.

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Publicado en: Poemas