El poeta dormido

       ~Richard Martin Lebovitz

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Richard Martin Lebovitz (estadunidense; 1957). En: William Cole, Poems One Line Longer. Grossman Publishers, NY, 1973.

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Publicado en: Poemas

Un comentario en “El poeta dormido

  1. Lo dicho se hace poema
    Octavio Paz … 12/10/1990

    Segurito me rindo a prometer que seré breve.
    Sin embargo, entiendo yo que el tiempo
    Ciertamente nos es siempre muy elástico:
    Y ya ustedes sí tendrán que leerme durante
    180 segundos: nada más les es un tiempecito.

    También ya nos es cierto que vivimos no sólo
    El fin de un siglo sino de un período histórico.
    Nos preguntamos: ¿Qué nacerá del derrumbe
    De las más sagradas de nuestras ideologías?
    ¿Es posible nos amanezca una era de concordias
    Casi completas y universales con una libertad
    Para todos? ¿O sería cierta que todo regresaría
    A los chingos de la jodida dogma de ignorancia
    Y al santo regreso chingadero al caos de idolatría
    Y a la corrupción del fanatismo de la póliza politizada
    Con su odiosa cauda de mentira, discordia y tiranía?

    Bendita sea la magnífica, poderosa democracia
    Donde se ha conquistado no nada más la ciencia
    Sino también el derecho para darles la abundancia
    Bajo la libertad. ¿Será comprensiva menos egoísta
    Con las naciones desposeídas? ¿Aprenderá la voz
    A desconfiar del poder armado basado en lo violento
    Que maybe la llevaba al triste fracaso ensangriento?
    Y aquí, América Latina, especialmente lo de México,
    ¿Es posible alcanzar al fin la verdadera modernidad,
    Que no es solo la democracia política, ni la prosperidad
    Económica, ni la justicia social sino la reconciliación
    Con nosotros mismos y con la felicidad de la hermandad?

    Imposible saberlo. El pasado reciente nos enseña
    Que nadie tiene las llaves de la incierta historia.
    Con muchas interrogaciones el siglo se cierra.
    Algo se sabe: nuestra vida sobre ésta planeta
    Nos presenta con unos peligrosos y graves riesgos.
    El culto carnívoro al progreso y a los avances mismos
    De nuestra lucha a llegar a dominar a la naturaleza
    Nos han puesto a alta velocidad en una carrera suicida.
    Irónicamente, en el momento en que comenzamos
    A poder descifrar los secretos de las mil millones galaxias,
    Y de las sin número partículas atómicas, y de los enigmas
    De la biología molecular y de los del origen de la vida,
    Hemos hecho daño a la mera Madre: la naturaleza.
    Cualesquiera que sean las formas de organización política
    Y/o social que adopten las naciones, la cuestión inmediata
    Y apremiante es la supervivencia de nuestro medio natural.
    Defender a los hombres es defender a nuestra naturaleza.

    Descubrimos que somos parte de un conjunto de sistemas –
    Un inmenso sistema- que va de las plantas a las células,
    A las moléculas, a los átomos y animales y a las estrellas.
    Somos parte de «la cadena del ser»: un eslabón elegante,
    La Cadena la llamaban al universo los antiguos filósofos.
    Uno de los gestos comunes más antiguos del hombre,
    Gesto que, desde lo primordial, repetimos diariamente
    Alzando la cabeza a contemplar, con humildad y asombro,
    Al cielo oscuro iluminado y estrellado con la luna brillante.
    Casi siempre esa profunda contemplación, ese momento
    Termina con un sentimiento de fraternidad con el universo.

    Hace años, una noche en un campo oscuro y polvoriento
    Estaba yo allí contemplando un cielo vasto, puro y rico
    De estrellas, cuando oí entre las hierbas el son metálico
    Que salía de los élitros de un insecto musical: un grillo.
    Una extraña correspondencia entre la musiquilla del insecto
    Y la abrumadora palpitación nocturna del vasto firmamento.
    Escribí estas líneas:
    Es grande el cielo
    y arriba siembran mundos.
    Imperturbable,
    prosigue en tanta noche
    el grillo berbiquí.

    Estrellas, colinas, nubes, plantas, piedras y árboles,
    Pájaros, grillos, montañas, peces y los hombres:
    Cada uno en su mundo: la profundidad de las noches.
    Cada uno en su propio mundo y no le importa madres:
    No obstante, todos se corresponden a todo el mundo.
    Sólo con el sentimiento de la dulce hermandad
    Con nuestra hermosa Madre, la buena naturaleza,
    Podremos al fin defendernos nuestra santa vida.
    Gritemos: No es imposible: la fraternidad
    Es una palabra que nos pertenece en el alma
    Igual a la tradición hermosamente toda humana:
    Es doctrina hallada en la científica y en la religiosa,
    Y magníficamente en las palabras de Octavio Paz,
    el Poeta.

    Alzo mi copa – otro antiguo gesto de la fraternidad
    – y brindo por la salud, la ventura y la prosperidad
    De toda persona que nos sea parte de la humanidad.

    David e t
    Tacna, AZ
    2/7/2017

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