~Werner Aspenström
El león, la pantera, y los corderos que pacen apaciblemente,
los monos, las serpientes y los vistosos pájaros selváticos,
la última noche montábamos guardia junto a su ataúd,
nosotros, sus hijos en duelo.
Allí también estaban los gitanos,
Yadwigha, el flautista y la joven pareja
de vuelta de carnavales precisamente.
La noche, despacio, caminaba.
La amarilla luna estaba como nosotros, de guardia,
los árboles enhiestos de la ribera
y las mil verdes hojas.
Poco después de las siete de la mañana,
descendía chapoteando el barco de ruedas por el río.
Lo llevamos a bordo. El capitán
dio la señal de partida.
Tú, Dios de la duda y de las catástrofes,
no perturbes los pensamientos del pintor Rousseau,
déjalo creer que todo permanece inalterable
y que las flautas aún doman a las bestias salvajes.
Werner Aspenström (sueco; 1918-1997). En: Javier Sologuren, Las uvas del racimo. FCE, México, 1989.


