~Marià Villangómez Llobet
Aquí están enterrados unos dioses antiguos.
Unos dioses crueles como suelen ser los dioses.
Sin embargo, aceptaban las plegarias.
Había que tenerlos contentos para algún posible favor.
Para evitar su odio, sobre todo.
Pues ¿sabremos alguna vez agradecer lo que tenemos?
Las fiestas sepultadas, los tiestos en que se desmenuzan los dioses.
Sobre su tierra aramos,
y no los reconocemos cuando se muestran en una moneda leprosa.
Qué ventarrón pasó sobre su fragilidad.
Aquellas divinidades eran favorables al amor,
no ponían mala cara ante ningún deseo recalcitrante.
Mira a la diosa cien veces repetida.
¿No anhelas ofrecerle algún pequeño sacrificio antiguo?
Sus viejos sacerdotes debían tener un aspecto arrogante,
cierta condescendencia, y más ésta en los labios que en los ojos.
Han vivido menos que sus dioses de barro
y que estos amuletos y ofrendas.
Ahora mira los Cabiros, llamas o astros,
los simpáticos Cabiros como duendes deformes.
Aquí deberían recordarlos alguna vez,
porque eran muy importantes
en lugares de navegantes y de largos viajes.
Ahora la tierra ahoga a hombres y sueños,
y también los amores desvergonzados
que aquellos dioses innobles no desdeñaban,
como parientes de la tierra que eran.
Bajo los cultivos, como una remota raíz podrida,
con las cosas diarias, una anzuelo, una lamparita, un juguete.
Marià Villangómez Llobet (catalana; 1913-2002). En: Esta luz de Sinera. Antología general de la poesía catalana. Selección, estudio y traducción de Carlos Clementson. Eneida, Madrid, 2011.