~Jules Renard
Se desliza en el estanque como un trineo, de nube en nube. Porque solamente tiene hambre de las nubes que en forma de copos ve nadar, ir de sitio en sitio y perderse en el agua. El cisne quisiera una de ellas. Le apunta el pico y sumerge de golpe su cuello revestido de nieve.
Después, como un brazo de mujer que sale de una manga, vuelve a sacarlo.
No hay nada.
Observa: las nubes, amedrentadas, han desaparecido.
Por un solo instante queda desengañado, porque las nubes no tardan en reaparecer y allá abajo, en donde mueren las ondulaciones del agua, algunas de ellas se rehacen.
Dulcemente sobre su ligero cojín de plumas, el cisne rema y se acerca.
Se agota en pescar engañosos reflejos y probablemente moriría víctima de esta ilusión, antes de atrapar un solo pedazo de nube.
¿Pero qué estoy diciendo?
Cada vez que se sumerge remueve en el pico el cieno que lo alimenta y saca una lombriz.
Y engorda como un ganso.
Jules Renard (francés; 1864-1910). En: José Juan Tablada, El Arca de Noé. Lecturas sobre animales para niños de las escuelas primarias. Compañía Nacional Editora “Águilas”, México, 1926. Edición facsimilar, Premiá, México, 1982.