Dos cuadros de De Chirico

~Mark Strand
                               para Harry Ford

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1. La conquista del filósofo

El melancólico instante persiste,
Y el oráculo al fin de la puerta,
Siempre la torre, el bote, el tren distante.

En un sitio hacia el Sur matan a un Duque,
Una guerra se gana. Aquí es muy tarde.
El melancólico instante persiste.

Aquí, una tarde de otoño sin lluvia,
Sobre un huacal, dos alcachofas solas;
Siempre la torre, el bote, el tren distante.

¿Vuelve a doler la infancia en esta escena?
¿Por qué da ese reloj la 1 y 28?
El melancólico instante persiste.

Reino de amor: su luz verde-amarilla
Cae sobre la congoja del destino;
Siempre la torre, el bote, el tren distante.

Quiere nuestra visión que retengamos
El peso intolerable de estas cosas.
El melancólico instante persiste,
Siempre la torre, el bote, el tren distante.

 

las-musas-inquietantes

2. Las musas inquietantes

Primero el tedio, y luego el desespero.
Uno intenta desplazarlo. Crece más.
Algo sobre el silencio de la plaza.

Algo está mal; algo en el aire; el color;
Algo en la luz y el rumbo de su brillo.
Primero el tedio, y luego el desespero.

Las musas con sus hábitos estriados
Harían suponer –sus caras romas—
Algo sobre el silencio de la plaza,

Sobre los edificios que ahí yacen.
Y no es así. Posar es lo que buscan.
Primero el tedio, y luego el desespero.

Qué ocurre luego de eso, a quién le importa.
¿Nos trajo aquí el deseo de componer
Algo sobre el silencio de la plaza,

O algo más, que aún no percibimos,
La vida misma, quizá –quién sí lo sabe?
Primero el tedio, y luego el desespero,
Algo sobre el silencio de la plaza.

Mark Strand (canadiense; 1934). En: Blizzard of One. Alfred A. Knopf, NY, 1998. (Versiones de LMA.)

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Publicado en: Poemas