~Kyra Galván
Día tras día
entre nueva y media y diez en la oficina
esos licenciados que llegan coqueteando
gallos de pelea
jóvenes y con buen futuro bajo sus sacos a cuadros
se me quedan mirando cuando paso.
Entonces yo segura de traer algo raro
me reviso la bragueta, los botones de la blusa.
Todo en orden. Sólo se atreverían a pensar
qué buenas nalgas.
Sólo se desprenderán de sus gestos de economistas
graduados con mención de honor
cuando se desprendan de su amadísima silla giratoria
y vuelvan al aire de la calle
a ser los pobres diablos que son
que piensan contribuyen a decidir el destino de la Patria
y que un día la salvarán de las transnacionales
—o al menos las limitarán—.
Entonces se dedicarán a presumirse sus mujeres
—buenas carnes de seguro—
y ninguno se decidirá a pagar la cena:
discutirán por el fordcito que piensan comprarse
o ya se compraron a crédito.
Posiblemente mencionen el futbol y tal vez el tenis.
Hablarán de la Ley de Inversiones Extranjeras y
citarán el artículo cinco con puntos y comas.
Dormirán frente a la premier de la televisión
o se tomarán una cuba en casa del compañero casado.
De todos modos en la mañana e incansables
Adoptarán su glamorosa figura con harta dignidad
convencidos de la utilidad de su existencia
creyendo que poder pensar
qué buenas nalgas
es un verdadero privilegio.
Kyra Galván (mexicana; 1956), Un pequeño moretón en la piel de nadie. Ediciones Contraste, México, 1982.