Defendiendo a Richard Wagner

       ~Eric Anderson

Hitler también amaba el strudel; y uno no oye de alguien
dándole de palos al strudel, lanzando piquetes contra las reposterías,
protestando contra los paquetes preenvueltos.
Luego del desayuno, ninguno de los generales
hacía mención a las migajas de hojaldre
inscrustadas en el bigote del Fuhrer. Que de sus dedos
él se lamía el relleno.
El genio hace lo que quiere.
Cuando Eva le daba la espalda, él se abría
la bragueta de sus anchos pantalones
y se sacaba y blandía un strudel como una insinuación.
Cómo Eva se sonrojaba en el puro aire austriaco, cómo se reía
con los pasitos de ganso de él.
Logremos que el Fuhrer diga “yom”,
dirían los reposteros, con sus gorros abombados
al sesgo, gritando un harinoso Sieg Heil
cada vez que Hitler marchaba
por la cocina para mirar en los hornos,
lamiéndose los labios ante las filas y filas
de strudel, alineado en charolas bien engrasadas.

 

Eric Anderson (estadunidense). En: Artful Dodge. Number 48/49. Ohio Arts Council, 2009.

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Publicado en: Poemas