~Anónimo
Cuatro esquinas tiene un catre,
cinco gajos la sandía,
cuatro pies tiene la cama
donde duermes, vida mía.
Por tus puertas voy pasando,
dulce dueña de mi vida,
si te despiertan mis cantos,
perdona, joven querida.
Una tarde estando triste
en la sombra de un vergel,
se me vino a la memoria
escribirte en un papel.
Y como estaba muy triste,
pensando quitar enojos,
todo el papel se ha borrado
con lágrimas de mis ojos.
Trigueña, aquí está tu amante,
mira a ver qué haces con él;
si tienes nuevos amores
los puedes aborrecer.
Ingrata, ¿no me decías
que primero habías de ver
las estrellas por el suelo
que dejarme de querer?
Entré a la huerta y corté
un buquet de bellas flores,
entre de ellas me encontré
la dueña de mis amores.
Bonitos son los jardines
con sus matizadas flores,
pero más bonita es
la dueña de mis amores.
Ya no subo yo al cerrito
con el gusto que subía;
pues se secó la rosita
que me daba la alegría.
Anónimo. En: Vicente T. Mendoza, El corrido mexicano. FCE, México, 1954; 1ª. Reimpresión, 1974.