~Irving Layton
Con el dinero que me gasto en ti
Podría comprar helado para los reyes de Corea.
Podría prohijar a un pordiosero y vestirle de oro y escarlata.
Podría dejar a mis nietos un legado de rosas y muñecas.
¿Por qué has de pedir siempre costosos cigarrillos turcos?
¿Y por qué bebes sólo del champán más caro?
Los leninistas marchan ya sobre nosotros.
Sus ojos, inflamados de justicia social.
Sus bocas, torturadas por la sed de hermandad humana.
Sus puños, grávidos del amor universal.
En doce meses no han leído un solo verso de los poemas de Mayakovski.
La privación los convierte en seres desesperados.
Con pupila obsesiva vigilan desde cierta distancia esperando que caiga la ceniza de tu cigarrillo.
Esa es la señal.
Cuando se desmorone la ceniza, el hombre de la frente más angosta
Trizará un resquebrajado reloj de arena, amplificándose el ruido en un millar de manifiestos.
¿Es que no los ves? ¿Es que no los oyes?
Ya cierran filas sobre nosotros.
Tu cuerpo fragante no significa nada para ellos.
Ante tus mismos ojos, aterciopelados, portentosos,
Salmodian que la Belleza no es un absoluto.
Claman por una visión neta de tus hombros, eliminado el obstáculo de tu altiva y preciosa cabeza.
Quebrantarán tus brazos y tus piernas gráciles como quien hace leña.
La delicada cabellera de oro que mil veces he incendiado yo con mis besos arderá con fulgor más vivo;
Pero ¿quién se inclinará a recoger las llamas en su boca?
¿Quién seguirá su blanca luz hacia la eternidad?
Como yo te quiero a ti más que a alcachofas y velas en lo oscuro, hablaré con ellos.
Tal vez por mí se desentiendan de tu gracia cautivadora, desdeñen la insultante perfección de tus labios.
Tal vez, a fin de cuentas, iniciemos tú y yo una masiva conversión a la elegancia.
Les diré que mi padre hacia quesos y que toda su vida fue pobre y humilde,
Y que su padre tiempo atrás enfermaba a la sola vista del dinero,
Y que un remoto antepasado mío no vio nunca jamás una moneda, habida cuenta de que nació ciego.
Por mi rama materna todos fueron fracasos.
Resonarán calíopes anunciando mi linaje vulgar y llano
Y los enardecidos leninistas entenderán al punto que no soy más que un tonto enamorado, un pobre diablo, un proletario sin conciencia, [preso en la trampa
Sin más expectativas que el viento que deja al descubierto mis hambres terribles ante sus ojos,
Perdido mi fervor contrarrevolucionario para toda acción eficaz que valga en tus brazos cabellos muslos ombligo;
Y entre las nubes, una solitaria estrella que les indique el punto donde hallo muerte violenta
Contando las monedas de oro para tus cigarrillos turcos y champán del más caro.
Irving Layton (canadiense; 1912-2006). En: Poemas de amor. Versión española de Salustiano Masó. Ediciones Hiperión, Madrid, 1983.