Coleridge, Wilde, Castellanos

De la Rima del viejo marinero
       ~Samuel Taylor Coleridge

…él amaba al pájaro que amaba al hombre
que lo mató con su arco.

Samuel Taylor Coleridge (inglés; 1772-1834). En: Wordsworth & Coleridge: Lyrical Balladas. Methuen & Co. Limited, Londres, 1976.

De la Balada de la cárcel de Reading
       ~Oscar Wilde

En la cárcel de Reading, por la ciudad de Reading,
         existe una oprobiosa sepultura,
y yace en ella un hombre miserable
         devorado por dientes como flamas.
Él yace en una sábana de fuego,
         su lápida no tiene nombre alguno.

Y allí hasta que Cristo llame ante sí a los muertos,
         que en silencio descanse.
No hay por qué derramar lágrimas insensatas
         o soltar un suspiro.
El hombre había matado lo que amaba
         y, así, debía morir.

Y ya que el hombre mata lo que ama,
         que cada uno escuche lo siguiente:
algunos lo hacen con mirada amarga,
         otros más con palabra aduladora.
El cobarde lo hace con un beso,
         y el valiente lo hace con la espada.

Oscar Wilde (irlandés; 1854-1900). En (la más reciente, que sepamos, traducción al español del poema de Wilde): La balada de la cárcel de Reading. Versión de Hernán Bravo Varela; prólogo de José Emilio Pacheco. Quimera Ediciones, México, 2010.

Destino
       ~Rosario Castellanos

Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.

El hombre es animal de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.

Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza.

El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo de un tigre.
El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve
–antes que lo devoren—(cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.

Damos la vida sólo a lo que odiamos.

Rosario Castellanos (mexicana; 1925-1974). En: Poesía no eres tú. FCE, 1972.

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Publicado en: Poemas