Claves para triunfar en el cultivo de la redondilla

       ~Orlando González Esteva

1. Practicar la vuelta de carnero.
2. Asomarse por el ojo de las cerraduras.
3. Llevar lentes de contacto aunque no se les necesite. Familiarizarse con sus proporciones, su delicadeza, su peso. Y ante la falta de inspiración, disponerlos sobre una hoja de papel en blanco y pasar junto a ellos la noche.
4. Atisbar en los pozos.
5. Detenerse en los puentes con los bolsillos llenos de piedras y, sin quitar la vista de la superficie, arrojarlas, una a una, al agua. Se arrojarán tantas piedras como redondillas se desee escribir. La imagen del interesado, reflejada entre los círculos concéntricos producidos por los impactos, garantizará el tono personal.
6. Despreciar los relojes que eluden la esfera. Poner en entredicho la exactitud de su hora y, al menor descuido de sus dueños, golpearlos o hacerlos caer.
7. Aprovechar las noches de luna llena para bañarse en el mar, chapotear en la luz y, con esa agua iluminada, hacer gárgaras.
8. Preferir, entre los deportes, el baloncesto, el base ball y, sobre todo, el volley ball; la pelota que retoza en el aire (como el delfín en el agua, como la poesía en la página, como Dios en el espacio, como Changó en el trueno), y va y viene de un lado de la realidad al otro, burlando la red, obligando a los hombres a elevarse, ávida de cielo.
9. Planear viajes alrededor del mundo, aunque no se efectúen, y si se efectúan, regresar siempre al punto de partida: cerrar el círculo.
10. Contemplar la salida del sol varias veces al año y lamentar diariamente su puesta. Un sol que se pone es una redondilla menos.
11. Si se es mujer, llevar pulseras; si se es hombre, manilla; ambos, anillos, brazaletes y medallas. Y espuelas, aunque no exista cabalgadura. Un círculo atrae otro, y un libro de redondillas es sólo un segmento de una espiral infinita.
12. Preferir, entre los juegos de azar, la ruleta (incluso la rusa).
13. En la plaza de toros, saltar al ruedo.
14. Cargar con los platos rotos y, ese mismo día, comer pescado. (La eucaristía solía representarse con la imagen de un pez al centro de un plato: el misterio, al círculo.)
15. Comulgar.
16. Un libro de redondillas anda sobre ruedas: andar sobre ruedas.
17. Entre las señales de tráfico, sólo obedecer la del tren. Eso sí, saludar a los semáforos: a) luz verde: luciérnaga. Aviso de redondilla; b) luz roja: peligro. Anuncia esterilidad; c) luz amarilla: ni lo uno ni lo otro. Es cosa de Borges. Críticos como tigres acecharán al que escribe. Mudar de estrofa.
18. Preferir a las calles, la autopista. Conducir por ella, y una vez alcanzada la mayor velocidad, soltar el volante: dejarlo hacer. La mejor redondilla se hace sola.
19. Enlazar por la cintura al cónyuge; mirarlo a los ojos, elogiar su lunar más visible. Si es hombre, besarle la nuez; si es mujer, acariciarle los pechos y, apretándola contra sí, llenar el cuenco de ambas manos con el doble hemisferio de sus glúteos. Escribir es rebosar.
20. Antes de beber de taza, copa o vaso, extender el dedo cordial y, con su yema, acariciarle delicada, disimuladamente el borde. (La menor indiscreción invalidará el conjuro.)
21. Rizarse el cabello. (Si se le tiene rizo, dejarlo crecer.)
22. Visitar las ciudades amenazadas por un huracán y aprovechar el paso del vórtice para salir a la calle o al patio y, con los brazos abiertos, dar tantas vueltas como redondillas se aspire a escribir.
23. Pasarse de rosca.
24. Estudiar los movimientos del perro antes de echarse, los círculos que trazan las aves de rapiña sobre la carroña, la aureola de los santos, los nimbos que organiza la luz sobre los cadáveres de los ahogados en el Estrecho de La Florida.
25. Una leyenda croata asegura que un perro dálmata es sólo un libro de redondillas en busca de autor: adoptar un dálmata.
26. En el zoológico, halagar al leopardo.
27. Conservar, al dormir, la boca abierta y, a toda costa, la posición fetal.

 

Orlando González Esteva (cubano; 1952). En: Mi vida con los delfines. Trilce Ediciones, México, 1998. [“Redondilla. Estrofa de cuatro versos octosílabos” (ocho sílabas) “o menores, con rimas consonantes cruzadas, abab” (digamos que rima: dormir/soñar/vivir/cantar), “o abrazadas, abba” (digamos que rima: dormir/soñar/cantar/vivir). En: T. Navarro Tomás, Métrica española. Ediciones Guadarrama, Madrid, 1972.]

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Publicado en: Poemas

Un comentario en “Claves para triunfar en el cultivo de la redondilla

  1. Me encantó este texto, y de hecho me recordó en cierto sentido a Borges, antes de ver que incluía su nombre. Muchas gracias por compartir.

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