~Gunars Salins
Con el frío, se enronquecía mi voz
Y un día se congeló entera
mi canción.
Tomé leche caliente con miel
y recé una sola plegaria:
que vuelva la canción, aunque tan sólo fuera
un mugido de vacas o un zumbido de abejas.
Y entonces sucedió: una noche, idos ya
todos los que me atendían,
irrumpieron por las calles desde el matadero del puerto
bestias astadas.
Sedientas, llenaron la ciudad de sus mugidos. Galopando,
con sus cuerpos, con su humeante aliento
derritieron la nieve en ventanas, árboles,
en plazas y rascacielos.
Abrí de golpe la ventana—un grito
desheló mi voz. En ella, como en un río,
bebían vacas a mediodía—bañando
sus calientes ubres en mi canción,
sus calientes ubres en mi canción.
Gunars Salins (letón; 1924-2010). En: Revista Hora de poesía. 73-74. Barcelona, enero-abril 1991. Traducción de Biruté Ciplijauskaité.