~D. J. Enright
Le había sugerido, con exasperación, que hallara
algún tema para escribir que no fuera
la luna, las flores y los pájaros, y los templos
y las colinas peladas de la ciudad antaño santa;
la gente, le propuse, que con denuedo se abre camino
a través de los lagos leprosos de barro.
Era la estación de las lluvias, agua sobre saliva y orines,
y yo había estado abriéndome camino con denuedo.
Sucedió que mis severas palabras repicaron con una nueva consigna,
una buena idea, luego arruinada:
“Humanismo”. Así contribuí a una moda, a otra como
las del mambo, la chanson francesa y estudiar ruso.
Ahora vuelve mi poeta, con un atuendo diferente:
es el cantor de los que duermen en el subterráneo.
“Bienvenido seas –se declaman entre sí sus vagabundos–,
camarada del destino común”.
“¿Son mineros de Kyushu?”—se pregunta—estos indigentes en harapos. Y añade que
“Los canastos rotos de bambú, sus constantes compañeros, montan guardia
fielmente junto a sus amos dormidos”.
Hasta aquí mi amigo. Me pregunta si ha aprobado el examen,
¿es realmente humanista,
voy a escribir otro artículo sobre su cambio de actitud?
Trato de pensar en los que duermen en el subterráneo.
Son indescriptibles. No tienen esposas ni hijas que vender.
Ni la pizca de fe que hace al mendigo.
No tienen palabras. Nada que expresar. Ningún “camarada”.
Nada tan satisfactorio como un “destino común”.
Sus canastos rotos de bambú son fieles porque nadie
desearía seducirlos.
Su piel ocre arde aún en su nido negro por más que un
centenar de poetas renovados decida cantarlos.
“¿Son mineros de Kyushu?”. Ni él ni yo
nos atrevemos nunca a preguntárselos.
Pues sabemos que no son realmente humanos, que son temas tan adecuados
para la poesía como la luna y las colinas peladas.
D. J. Enright (inglés; 1920-2002). En: Poesía inglesa contemporánea. Edición de E. L. Revol. Ediciones Librerías Fausto. Buenos Aires, 1974.