Mateo, XXV, 30
~Jorge Luis Borges
El primer puente de Constitución y a mis pies
Fragor de trenes que tejían laberintos de hierro
Humo y silbidos escalaban la noche,
Que de golpe fue el Juicio Universal. Desde el invisible horizonte
Y desde el centro de mi ser, una voz infinita
Dijo estas cosas (estas cosas, no estas palabras,
Que son mi pobre traducción temporal de una sola palabra):
–Estrellas, pan, bibliotecas orientales y occidentales,
Naipes, tableros de ajedrez, galerías, claraboyas y sótanos,
Un cuerpo humano para andar por la tierra,
Uñas que crecen en la noche, en la muerte,
Sombra que olvida, atareados espejos que multiplican,
Declives de la música, la más dócil de las formas del tiempo,
Fronteras del Brasil y del Uruguay, caballos y mañanas,
Una pesa de bronce y un ejemplar de la saga de Grettir,
Álgebra y fuego, la carga de Junín en tu sangre,
Días más populosos que Balzac, el olor de la madreselva,
Amor y víspera de amor y recuerdos intolerables,
El sueño como un tesoro enterrado, el dadivoso azar
Y la memoria, que el hombre no mira sin vértigo,
Todo esto te fue dado, y también
El antiguo alimento de los héroes:
La falsía, la derrota, la humillación.
En vano te hemos prodigado el océano.
En vano el sol, que vieron los maravillados ojos de Whitman;
Has gastado los años y te han gastado,
Y todavía no has escrito el poema.
Jorge Luis Borges (1899-1986). En: Obra poética. Alianza Editorial, Madrid, 1972. [El versículo de Mateo dice: “Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes”.]
El tiempo te ha enseñado…
~W. H. Auden
El tiempo te ha enseñado
cuánta inspiración
tus vicios te han dado:
lo que la imaginación
le debe al haber sucumbido
a la tentación;
que muchos buenos
versos expresivos
no habrían existido
si te hubieras resistido:
como poeta, sabes
que esto es cierto,
y aunque en la iglesia
ruegas a veces
para sentir contrición,
nomás no sirve.
Felix culpa, te dices:
quizá tienes razón.
Esperas, claro, que
tus libros te disculpen,
te salven del infierno:
sin embargo,
sin mostrar tristeza,
sin al parecer culparte
en modo alguno
(Él no lo necesita:
bien sabe qué le interesa
a un amante del arte
como tú), Dios puede
reducirte, en el Día
del Juicio, a lágrimas
de vergüenza, a recitar
de memoria los poemas
que habrías escrito
si tu vida
hubiera sido justa.
W. H. Auden (1907-1973). En: Collected Poems. Faber & Faber, Londres, 199.. (Versión de LMA.)
Me parece un gran acierto el haber recogido y publicado (con la excelente traducción que caracteriza los trabajos de Luis Miguel Aguilar), estos poemas de dos grandes plumas imperecederas que dibujan el drama de todo aquél que pretenda tejer y teñir versos.
Desde luego, nos dejan un poco desamparados y prácticamente llorando en el quicio de nuestra idea de Dios -si es que alguna tenemos y si tal grandilocuente censor se da a la tarea de seguir existiendo a pesar de todo.
Extraordinarios poemas. Gracias por el regalo que nos hacen en esta sección.