~Clément Marot
Tetica joven más blanca que un huevo,
tetica, blanco raso todo nuevo,
tetica que avergüenza hasta la Rosa,
tetica más que objeto alguno hermosa.
Tetica firme; cierto, no tetica
sino pulida, ebúrnea bola chica
en la que se aposenta y endereza
una Fresa o bien una Cereza,
que no sea ni vista ni tocada,
pero apuesto que así se halla formada:
tetica que es breve yema encarnada,
tetica inmóvil por siempre fijada,
bien sea para ir o regresar,
sea para correr o bien bailar:
tetica izquierda, tetica hechicera,
por siempre lejos de su compañera,
tetica que das fe siempre segura
de lo que habita en toda la figura,
cuando te ven, tetica, a muchos gana
de adentro de la mano ciertas ganas
de tocarte y poderte acariciar,
pero es imprescindible refrenar
las ganas de acercarse, de buen grado,
pues habrá otro deseo despertado.
Ni muy grande ni muy pequeña cosa,
oh tetica madura, apetitosa,
tetica que a toda hora grita: ¡dadme
un esposo cuanto antes, desposadme!
Tetica que te llenas y que ahondas
el corpiño con tus pulsantes ondas,
con razón venturoso se dirá
el que con blanca leche te henchirá
haciendo de Tetica de doncella
tetica de mujer completa y bella.
Clément Marot (francés; 1496-1544). En: Javier Sologuren, Las uvas del racimo. FCE, México, 1989.