Al plantar una secoya

        ~Dana Gioia

Toda la tarde mis hermanos y yo hemos trabajado en el huerto.
Excavamos un hoyo, te plantamos en él
Y cuidadosamente emparejamos la tierra.
La lluvia oscurecía el horizonte
Pero lo conservaba el viento helado
Sobre el Pacífico.
El cielo encima de nosotros mantenía la grisura
De un año viejo que llegaba a su fin.

En Sicilia los padres plantan un árbol para celebrar
El nacimiento de su primogénito,
Una higuera o un olivo, un signo
De que la Tierra debe soportar una vida más.
Yo hubiera hecho lo mismo
Dejando con orgullo una nueva planta
En el huerto paterno, un árbol joven
Que se alzara entre las hojas retorcidas de los manzanos,
Una promesa de frutos nuevos para otros otoños.

Pero hoy nos arrodillamos en el frío para sembrarte
A ti, nuestro gigante nativo.
Desafiamos la práctica costumbre de nuestros padres:
Envolver en tus raíces un mechón de cabello,
Un trozo de cordón umbilical,
Todo lo que en la Tierra quede de un primogénito,
Algunos átomos perdidos devueltos a los elementos.

Te damos cuanto podemos: nuestro trabajo y nuestro suelo.
Agua sacada de la tierra cuando nos fallan los cielos,
Noches aromadas por la niebla del océano,
Días suavizados por el circuito de las abejas.
Te plantamos en la esquina del huerto
Bañada por la luz occidental,
Un esbelto retoño contra el crepúsculo.

Y cuando nuestra familia ya no esté
Y hayan muerto los hermanos que no nacieron,
Dispersados todos los sobrinos y las sobrinas,
Demolida la casa, la hermana
De la madre convertida en ceniza al viento,
Quiero que te alces entre los extraños,
Todos jóvenes y efímeros comparados contigo,
Y guardes en silencio el secreto de tu nacimiento.

Dana Gioia (estadunidense; 1950). En: La escala ardiente. Varios traductores. (El de este poema: José Emilio Pacheco). Ediciones El Tucán de Virginia, México, 2010.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Poemas