Ajwali Ba

       ~Sujata Bhatt

para la madre de mi padre

Esta es una historia
que he oído
infinidad de veces, siempre contada
por mi padre durante la cena
siempre contada a manera de prefacio
de una nueva cuestión filosófica
que quiere plantear.

Quizás debido a que
he escuchado esta historia
tantas veces, ahora
ya no oigo las palabras
que mi padre repite.
En cambio, la escena se despliega
en mi mente, muy adentro del ojo de mi alma
parpadea, da brincos como esas viejas películas
mudas, en blanco y negro.

Ya pasa de la medianoche
casi la una y mi abuelo
está a punto de entrar a la casa.
Ha estado todo el día trabajando como siempre
con los pobres, tratando de ayudar
a los rechazados hariyanes.

Al abrir la puerta
de su propia casa ha encontrado a mi abuela
cerrándole el paso.
La brahmina ortodoxa Ajwali Ba
le pide que primero se bañe
afuera con un balde de agua fría
por allá, cerca del huerto
antes de entrar.
Está muy cansado, le ruega.
Pero ella insiste, de pie, guardando su distancia
para que no la manche con el más mínimo roce.
Con que apenas su larga camisa blanca
llena de polvo del camino
pero para ella mucho más sucia por haber sido tocada
      por otras castas; impura
para ella particularmente debido
a esos marginados…
con que su camisa rozara
su sari, la mandaría furiosa
a darse otro baño
y a ponerse ropa limpia.
Sabiendo todo esto él permanece
en la entrada.

Ella no cambiará
              las reglas.
“Si es así, dormiré en el jardín”
decide él y se va.

Entonces hay una pausa
durante la cual Nanabhai
         se interna en la oscuridad
                          del jardín,
y Ajwali Ba se queda adentro
escuchando la oscuridad de la casa
en la que sus hijos duermen
                          ignorantes de todo.

Unos minutos después,
digamos unos diez minutos después,
sale apresurada de la casa,
cruza corriendo el patio,
baja a saltos las escaleras
que llevan a la huerta de mangos
y se reúne con él.

Esta es la parte que a mí más me gusta.
Me gusta pensar en ella, todavía
una mujer joven, corriendo
escaleras abajo con el mismo apremio
que yo sentía al bajar por ellas a los ocho años, a los diecisiete,
a los veintiséis…

Nunca sabremos qué
le hizo cambiar de opinión.
Quizás ni ella misma lo sabe.
Pero puedo sentir su audaz desplante
sus enérgicos y fuertes brazos
                    arremetiendo contra el aire
—y las cejas de media luna que yo heredé
y su impaciencia por entenderlo a él…

La narración de mi padre termina aquí
en el lugar donde ellos descansan
                  uno junto al otro.
Pero la película continúa
                  en mi mente:
Ahora ya están juntos,
Nanabhai y Ajwali Ba.
Él seguramente dormido, exhausto
sin soñar.
¿Y ella?

Yo la veo alerta, pensativa.
Como sabe que no puede dormir
ni siquiera se preocupa
por cerrar los ojos.
La veo mirando al cielo
disfrutando un juego íntimo
en el que desenreda las estrellas
                 y las reacomoda
en sus constelaciones correctas.

 

Sujata Bhatt (nacida en la India, 1956). En: La generación del cordero. Antología de la poesía actual en las islas británicas. Selección, traducción y prólogo de Carlos López Beltrán y Pedro Serrano. Trilce Ediciones, México, 2000.

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Publicado en: Poemas