Ahora que mi corazón está en calma…

       ~Marcabrú

     I. Ahora que mi corazón está en calma de nuevo por la alegría que gozo, y ya que Amors quiere separar y escoger y yo espero que me toque buena suerte; debo afinar mis canciones de modo que no sea acusable; hasta por poca cosa un hombre puede quedar desmentido.

     II. Aquel a quien Amors distingue es feliz, cortés y sabio, y aquel a quien Amors rechaza quedará sujeto a la fuerza destructiva, porque cuando se rechaza al fin’ Amors, él rechaza a su vez y enajena a quien mancha su nombre.

     III. Así son los falsos jueces, y los ladrones, los esposos falsos y los falsos testigos, los embozados y los que calumnian, los que venden su lengua, los saltaconventos y las putas ardientes que toman a los maridos de otras: todos estos serán premiados con el infierno.

     IV. Los asesinos y los traidores, los simoniacos y los charlatanes también, los disolutos, los usureros, los que viven de trabajos que dañan a otros; los que se entregan a los encantamientos y las hechiceras de mierda, todos serán pasto de las llamas.

     V. Los borrachos y los extorsionadores, los abates falsos y los falsos presbíteros, las falsas monjas, los falsos monjes también tendrán ahí su tormento, se los dice Marcabrú, porque esa gente tiene ahí reservación; así lo promete fin’ Amors, y ahí será el llanto de los desesperados.

     VI. Ay fin’ Amors, fuente de todo bien que iluminas al mundo, ten misericordia y defiéndeme desde ahora de los aullidos y el miedo de estar ahí; yo soy tu prisionero en todas partes  y espero que seas mi guía.

     VII. Mediante estos versos domeñaré a mi corazón, voy a reprenderme más que al resto: porque si uno quiere culpar a otros mejor que se guarde de no ser culpable de lo mismo que acusa y pueda advertir a los demás sólo si está seguro.

 

Marcabrú (provenzal; siglo XII). En: Peter Dronke, La lírica en la Edad Media (trad. Josep M. Pujol; Seix Barral, 1978). [Como puede verse, el poema consta de una acumulación feroz de reproches y descalificaciones morales hasta que de pronto cesan, dice Dronke, y “el ‘profeta’ se queda en suspenso, acobardado y avergonzado. ¿Qué derecho tiene a juzgar y a denunciar, a erigir su infierno particular? ¿Es que él no resulta tan culpable como los demás?” Hemos dejado fin’ Amors en su original, por algo que Dronke plantea y explica: “Hay algo enigmático en la mitad del poema. ¿Qué es lo que Marcabrú quiere decir con fin’Amors? Es un símbolo… No hay otra expresión que pueda sustituirla sin detrimento del poema: ni Dios, ni el amor de Dios, ni el amor al prójimo… es todo esto y más… Lo mejor que se podría decir es que el fin’ Amors es todo lo que es sincero, un enamorado sincero o un amor sincero, de cualquier tipo que se exprese, sea terreno o celestial; todo lo que se siente con sinceridad, lo que carece de engaño o de fingimiento, de cálculo, de codicia o de miedo”. Pero, dice Dronke, “reducir el símbolo de Marcabrú a una noción religiosa puramente cristiana… sería una simplificación excesiva… aquí Marcabrú mide al amor humano con un patrón de verdad emocional, que es su propia ley, y no por el patrón intrínseco de la moral cristiana. El fin’ Amors puede estar presente tanto en un amor ilícito como en el amor conyugal, pues ambos pueden tener su medida intrínseca de verdad. El verdadero amor es falsificado y envilecido no sólo por cortesanos y libertinos, sino también por los lauzengiers, amigos de escándalos que andan contando historias sobre los secretos de los enamorados. Las canciones de Marcabrú, aún mostrándonos a un moralista desagradable y severo con frecuencia, aunque de ningún modo convencionalmente ‘bueno’, dejan entrever también destellos de un ser humano apasionado, independiente y conmovedor”.

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Publicado en: Poemas