A vosotras

       ~Juan de Dios Peza

(Poesía leída en el Casino de Jalapa, la noche del 20 de enero de 1889.)

Quien lee versos con mi nombre
y no me ve, se figura,
sin que mi nombre le asombre,
que debo ser, más que un hombre,
la estatua de la amargura.

Siempre voy del llanto en pos:
toda ilusión se me trunca,
cuando (quede aquí entre nos)
¡juro a fe de Juan de Dios
que yo no he llorado nunca!

Yo sé que en el triste suelo
a un llorón le hacen desaire
aun conociendo su duelo;
¿quién guarda el llanto? El pañuelo.
¿Y los suspiros? El aire.

Y no gusto de poner
en plena atmósfera un ¡ay!
ni ver mi llanto correr
sobre un lienzo que ha de ser
de blanco lino o cambray.

Sin embargo, no es desdoro
y muy natural lo encuentro.
Aunque lo digáis en coro;
en algunos versos lloro
y ¡ay de mí! ¡lloro por dentro!

Esto no me da sonrojos
ni de mártir me da palma,
pues está entre mis antojos
nunca llorar con los ojos,
sino llorar con el alma.

Cuando los dardos cortantes
de una secreta aflicción
me abren heridas punzantes,
como lloro en consonantes
hago una composición.

Éste es quizá el amuleto
que en mis pobres versos ven
las gentes de más respeto,
por eso tengo el secreto
de hacerlas llorar también.

Es un llanto que no empapa
ningún pañuelo, en verdad,
cuando del pecho se escapa…
¡Arcángeles de Jalapa!
Mi franqueza perdonad.

Así Dios formarme quiso:
si en verso sentimental
lloro en vuestro paraíso,
perdonad… (Cuando improviso
es cuando lloro más mal.)

Me cautivan vuestras flores,
el cielo gris o turquí,
la niebla, los ruiseñores,
en fin, todos los primores
que juntos tenéis aquí.

Si fuera un mago, os daría
las dichas que ciertas son;
mas os doy desde este día,
no la pobre lira mía,
algo más: el corazón.

No seré en la ausencia infiel
a esta tierra tan galana,
que tiene como laurel
ser el más lindo vergel
de la nación mexicana.

Siempre en sus florestas bellas
tendré las miradas fijas
buscando ansioso sus huellas;
¡oh Jalapa! tus estrellas
son los ojos de tus hijas.

En esta improvisación,
mal dicha en estos confines,
no juzguéis mi inspiración.
Con ella: mi corazón
os dejo en estos jardines.

Y yo lo dejo al abrigo
de vuestro risueño hogar
de cuya paz soy testigo;
nunca olvidéis al amigo
que nunca os podrá olvidar.

 

Juan de Dios Peza (mexicano; 1852-1910). En: Hogar y Patria / El arpa del amor. Editorial Porrúa, 1978. [Peza es el autor de uno de los poemas más populares en la poesía mexicana: “Reír llorando”.]

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Publicado en: Poemas