~Lucrecio
Los eclipses del Sol y de la Luna
pueden de muchos modos explicarse:
si a la Tierra robar puede la Luna
la luz del Sol, y su brillante frente
ocultar a la Tierra, interponiendo
su masa opaca a los ardientes rayos,
¿por qué otro cuerpo puesto en movimiento
y privado de luz perpetuamente
no puede producir el mismo efecto
en tiempo igual? ¿Y no puede el Sol mismo
eclipsarse y perder en cierta hora
también su brillo, que recobra al punto
que atravesó por medio de los aires
regiones enemigas de sus llamas
y le precisan a extinguir sus fuegos?
Si puede despojar también la Tierra
de su luz a la Luna, y prisioneros
tener todos los rayos, colocada
sobre el Sol ella misma ínterin pasa
el astro de los meses por la sombra
de nuestro globo cónica y espesa,
¿otro cuerpo no puede al mismo tiempo
rodar bajo del globo de la Luna,
y resbalarase sobre el mismo disco
del Sol, cerrando, así interpuesto, el paso
a sus rayos y luz? Y si la Luna
con propio brillo luce, ¿no puede ella
lentamente eclipsarse en cierta parte
del Mundo, atravesando por parajes
capaces de apagar sus mismos fuegos?
Lucrecio (latino; siglo I, a. C.). En: De la naturaleza. Traducción de José (El Abate) Marchena (1791). Editorial Ciencia Nueva, Madrid, 1968.