10 noviembre, 2016

El miedo

       ~Emile Verhaeren

Por las llanuras de mi temor, de vuelta al norte,
He aquí al viejo pastor de noviembre que toca el cuerno,
De pie, como una desgracia, en el umbral del triste redil,
Y desde lejos llama a los rebaños de la muerte.

El establo se halla ahí, despierto como un remordimiento,
En el fondo de mis países de tristeza sin límites,
Que un arroyo, bordeado de menta y de viburno,
Cansado de sus lentas olas, marchita, con un curso sinuoso.

Negras ovejas, con cruces rojas sobre los lomos,
Y corderos color fuego vuelven, a golpe de cayado,
Como sus lentos pecados, a mi alma de espanto;

El viejo pastor de noviembre toca el cuerno tempestad.
¿Qué bandada de relámpagos acaba de aflorar en mi mente
Para que esta noche mi vida haya tenido tanto miedo de mí?

 

Emile Verhaeren (nacido en Bélgica; 1855-1916). En: Manuel Álvarez Ortega, Poesía simbolista francesa. Editora Nacional, Madrid, 1975. [Viburno: arbusto de unos dos metros de altura.]

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9 noviembre, 2016

Noviembre en Inglaterra

       ~Antonio Colinas

Happy is England! […]
Yet do I sometimes feel a languishment
For skies Italian

John Keats

Yo sé que ahora es noviembre allá en Inglaterra.
Son azules las noches y copiosas en astros;
cosa extraña, pues ya la nieve va cayendo
en los montes de Escocia; voraz consume el fuego
las ramas del espino, cuelan desnudas ramas
el sol, que filtran tristes las cortinas y deja
su oro viejo en los libros de vuestras bibliotecas.
Aún se puede apreciar en el fondo del prado
con escarcha las luces de los invernaderos.
Es ésta la estación más pura, ni la música,
ni el arte, ni los besos la corrompen; sólo hay
como una expectación inmensa sin los pájaros,
un silencio de lunas y de soles muy fríos
que, sin embargo, dicen al corazón que sueña
otras tierras: escúchate, aquí termina el mundo,
sublime apoteosis del respeto y las rosas,
no bajes hasta el mar que, tenebroso y húmedo,
alberga toda muerte.

 

Antonio Colinas (español; 1946). En: Obra poética completa. FCE, México, 2011.

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8 noviembre, 2016

Mística para principiantes

       ~Adam Zagajewski

El día era suave, la luz amiga.
En la terraza del café, aquel alemán
tenía en las rodillas un librito.
Alcancé a ver el título:
Mística para principiantes.
Y comprendí al momento que las golondrinas,
cuyo silbo estridente
patrullaba las calles de Montepulciano,
y los diálogos sordos de tímidos viajeros
de la Europa del Este llamada Central,
y las grullas blancas, de pie –¿ayer?, ¿anteayer?—
como monjas en campos de arroz,
y el ocaso, lento y sistemático,
borrando los contornos de las casas medievales,
y los olivos en las pequeñas colinas,
presas del viento y los incendios,
y la cabeza de la Princesa desconocida,
que había visto y admirado en el Louvre,
y vidrieras como alas de mariposa
uncidas con el polen de las flores,
y el pequeño ruiseñor que recitaba
justo al borde de la autopista,
y los viajes, todos los viajes,
eran tan sólo mística para principiantes,
curso inicial, prolegómeno
de un examen aplazado
para más tarde.

 

Adam Zagajewski (polaco; 1945). En: Revista de Occidente. Julio-Agosto, 2011. Traducción de Elzbieta Bortkiewicz Morawska.

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